martes, 24 de enero de 2017

La cisterna

Eudaldo: Cual Prometeo
robaste el fuego a los dioses,
y al igual que a Prometeo,
los dioses te castigaron.

Hoy me entristece tu muerte
y rebela la injusticia
de que fueras sancionado
por algo de amor robado.

“Felicidad: don de Dios”.
Nadie más podía decirnos
cómo, cuándo, ni con quién
debíamos acostarnos.

Amigo, ¿cómo pudiste
cambiar las tetas por pene,
la vagina por un ano,
piel fina por piel peluda?

Hacer posible el amor
como somos y sentimos,
sin límites ni barreras,
nos dejaste por botín.

Pedro Casas Serra

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