sábado, 17 de enero de 2015

Eudámidas

-Murió, Eudámidas, ¿sabes?,
dejando a una hija sin dotar
y a una madre anciana.
¡Y además en la ruina!

Pues espera, que viene lo mejor:
pidió, en su testamento, a sus amigos,
para las dos mujeres una ayuda.
¡Que se compadecieran!

Y oye, ¡le hicieron caso!,
cuidaron a la madre hasta su fin
e incluso le pagaron el entierro.

¡Y desposaron a la hija bien!
¿Extraordinario, no?
¡Los hay que tienen suerte!


Pedro Casas Serra

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