lunes, 6 de julio de 2015

Añoranza: ¿Recuerdas Marrakech, la de la Koutoubia?

¿La que en verano muere al mediodía y resucita al ponerse el sol?
¿la de las inmensas murallas de adobe rojo?
¿la que sólo tiene hombres en las terrazas de sus cafés?
¿la de los dulces apilados y las comidas especiadas?
¿la de los vergeles tras las tapias?
¿la de los jóvenes que te miran y dicen “ça va?”
¿la de las motocicletas que hay que sortear para cruzar las calles?
¿la de las calesas para turistas y los camellos para hacerse una fotografía?
¿la de la inmensa plaza Djamâa El Fna, abarrotada de diversas gentes?
¿la que no permite a los infieles visitar sus mezquitas?
¿la de los zocos de enrevesadas calles e infinitos productos?
¿la de las noches frescas y sosegadas y los días calientes y bulliciosos?
¿la que cuida y protege sus palmeras hasta cuando levanta un muro?
¿la de las carpas doradas que llenan a rebosar el estanque de la Menara?
¿la que escucha la voz de sus muecines cinco veces al día?
¿la de las bellas mujeres, de caras blanquísimas, vestidas con sus túnicas?
¿la de las fuentes en que juegan niños y las torres con cigüeñas?
¿la que huele a jazmín junto a sus muros y a boñiga en su asfalto?
¿la del cielo casi blanco y los edificios color salmón?
¿la de las grandes puertas y junto a ellas los cementerios?
¿la de los gatos enmascarados que recorren por la noche sus murallas?
¿la de los vendedores que te llaman y te tocan?
¿la del té a la menta y el regateo?
¿la que llenaba con multitudes sus jardines al atardecer?
¿la que acogió nuestros pasos y nuestro amor?

Sí, la recuerdo.
Pedro Casas Serra

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