domingo, 29 de marzo de 2015

Ad líbitum I. Memento: Hubo un tiempo

Hubo un tiempo que fui León,
poseía un gran territorio,
al atardecer, cuando iba de caza,
no había animal que se me enfrentase,
al oír mi rugido, todos
se echaban a temblar.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Hubo un tiempo que fui Águila,
me elevaba sobre los campos
-pequeño punto al sol-,
y nada se ocultaba a mi vista,
y ante una presa, bajaba veloz
para llevarla con mis garras.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Hubo un tiempo que fui Tiburón,
recorría con elegancia los mares
y, si quería, con gran rapidez,
con mis historias se asustaba a los niños,
y los bañistas se aterrorizaban
a la vista de mi aleta.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Hubo un tiempo que fui Hombre,
calzado con mis botas
iniciaba la marcha,
y al llegar a la cima,
con el corazón aún alterado,
contemplaba la belleza del mundo.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Pedro Casas Serra

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