domingo, 16 de abril de 2017

La boda de los príncipes

Por razones de Estado,
habían de casarse
un príncipe y una princesa.

Como no se conocían,
hicieron reunirse
a su paje y su doncella.

- Mi Señora es delicada como una flor
y a la mano que la acaricia,
le procura su fragancia.

- Mi Señor es fuerte como un roble,
bajo su inmensa copa
todos hallan protección.

- Mi Señora es un blanco cisne,
por su elegancia y belleza
destaca entre todas las mujeres.

- Mi Señor es un toro de lidia,
si le provocan embiste,
si le dejan tranquilo pace.

- Mi Señora aprecia los perfumes,
el tacto de las sedas,
el sabor de los dulces.

- Mi Señor gusta de la caza,
la leche fermentada,
la fruta silvestre.

- Mi Señora disfruta con la música,
las veladas de teatro,
las sesiones de danza.

- Mi Señor se levanta al alba
y acompañado de sus perros,
inicia largas marchas por el monte.

- Mi Señora tiene los pies pequeños
y también las manos y la cintura,
recuerda en todo una figurita de porcelana.

- Mi Señor tiene el cuello grueso
y fuertes los pies y las manos,
se asemeja en todo a una escultura griega.

- Mi Señora es amante de oír narrar historias,
tejer tapices,
cantar acompañada del laúd.

- Mi Señor aprecia la compañía de los soldados,
el buen vino,
los juegos y las chanzas.


Cuanto más abundaban en razones,
más veían el paje y la doncella
las diferencias entre sus amos.

Y pasaron a examinar
aquellos aspectos de su intimidad
que dada su confianza conocían.

- A Mi Señora le gusta ser festejada
y no rinde sus favores
sino tras largo asedio.

- A Mi Señor le gusta que lo obedezcan
y no acepta negativa
por respuesta.

- Mi Señora requiere miramiento,
sutileza en la aproximación,
suavidad en el trato.

- Mi Señor es directo y osado,
mejor que con la boca habla con las manos,
que se apoderan de lo que a su vista apetece.

- Mi Señora gusta oír palabras bellas,
notar miradas dulces,
sentir abrazos tiernos.

- Mi Señor aprecia que alaben su hombría,
se plieguen a su fuerza,
reconozcan su valor.

- Mi Señora necesita que la acaricien
de la cabeza a la los pies,
para abrirse al deseo.

- A Mi Señor, para sentir deseo,
le basta con un olor
que despierte su instinto.

- Mi Señora queda insatisfecha
si la acción se adelanta a su deseo,
y aborrece a quien así la trata.

- Mi Señor sufre decepción
si la acción y el deseo son breves,
y aburre a quien se la produce.


Así hablaban los dos emisarios
preocupados por las diferencias
que separaban a sus amos.

En este punto calló el paje,
y tras largo silencio,
dijo a la doncella:

Nuestros Señores no pueden ser más diferentes,
pero su unión es necesaria
pues razones de Estado la aconsejan.

Mucha será la infelicidad
que esta unión
traerá a sus corazones.

¡Suerte tienen de tenernos a nosotros
que, al conocerlos tan bien y quererlos tanto,
les serviremos de consuelo!

Pedro Casas Serra

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