sábado, 3 de mayo de 2014

El premio

El hombre eminente no hacía sino recibir distinciones.
Tras el de sus compatriotas, le llegó el reconocimiento de la Academia.
Y mientras esperaba en su butaca, adormecido por la edad y los trajines,
lo único que se representaba en su cabeza era a su madre,
alzando con orgullo la bacinilla y diciéndole: ¡Bravo, Luisito!

Pedro Casas Serra (28-11-2011)

2 comentarios:

  1. ¡Ay, Pere, este microrrelato es triste! Bueno, entre triste y de humor negro.

    No te conocía esta faceta de microcuentista, y me alegro de descubrirla.

    Un abrazo.

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  2. El humor y la ternura combinan bien en poesía, Fany.
    Un abrazo.
    Pedro

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