lunes, 15 de agosto de 2016

Peor que Adán y que Caín

Peor que Adán expulsado del Paraíso soy yo,
porque él salió del Edén acompañado.
Peor que Caín marcado por su culpa soy yo,
porque a él no le impidió formar linaje.

Hundido en el Océano como la Atlántida,
mi paraíso desapareció de pronto sin dejar vestigio.
Limpia mi frente de cualquier señal,
la marca permanece indeleble en mi memoria.

Quizá porque nunca había sido antes tan feliz,
mi pérdida no cede con el paso de los días.
Quizá porque nunca había sufrido antes tanto,
mi culpa busca justificación a tanto daño.

Si realmente existió, fuera de mi imaginación,
el amor que me tenía preso en cuerpo y alma,
¿dónde se gestó, tan grande y arrasador,
el odio del que fui objeto hasta la aniquilación?

Porque no es buena la soledad -dicen-,
Dios puso la atracción a compartir la vida,
pero es una barrera infranqueable,
el miedo al pasado si fue malo.

Me atrae el amor: paraíso perdido.
Pero temo el odio: la marca de mi culpa.

Pedro Casas Serra

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