jueves, 18 de junio de 2015

Añoranza: El niño viejo

A veces, me salen al encuentro
personas que hace tiempo que no veo,
y las reconozco,
pero luego pienso
que por lógica no son ellas,
sino que son como eran ellas
hace veinte años.
Ante ésto me rebelo
porque para mí no he cambiado,
y sigo siendo el mismo
que lloraba de niño
si me dejaban solo.
Y cuando llegue a viejo
-o mejor, me vean como un viejo-,
seguiré siendo ese niño
que no ha entendido nada
y que se sorprende
al no ver en el espejo reflejada
su cara rubicunda y mofletuda,
y que se siente triste
porque no encuentra
a su padre, a su madre, a sus hermanas,
a sus amigos, a sus amantes...
y si los ve,
sólo son otros que se les parecen,
como otros se parecerán a él
cuando él ya no se parezca a nadie.
Pedro Casas Serra

2 comentarios:

  1. Me llega la añoranza de ver que el tiempo nos transforma; más por fuera que por dentro y el niño que aún somos, se acostumbre a vivir dentro de la nueva estructura del cuerpo.
    Un tema muy humano, filosófico y poéticamente expresado.

    Un abrazo.

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  2. Tú lo has resumido muy bien, Fany. Gracias por tu visita.

    Un abrazo.

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