martes, 3 de diciembre de 2013

La mariposa

¿Eres el mismo
-enfundadas las piernas
en medias de seda, rodeado
tu sexo por un aro
y aspirando popers-
que hace cinco minutos
estaba sentado en el salón?

Como una crisálida
-deshaciéndote de la ropa,
de las gafas y del reloj,
de la prisa, del gesto contenido-
te has abierto
mostrando tus nuevos atributos,
te has hecho mariposa.

Extraño ser
-que ni corre ni vuela
pero flota y se expande
y que suena y que brilla
y que endulza-
listo para apresarme,
peregrino del tiempo.

Tu vientre
-rodeado de ojos y de manos,
de narices que aspiran,
de bocas que humedecen
y de pieles brillantes-
caliente cual crisol,
es mi reclamo.

Déjame probar
-borracho de deseo
incontenido que palpita
y calienta mi cuerpo
convulso y anacrónico-
duro y suave,
la dulzura de tu miembro.

Eres dios
-por tu fuerza, tu vigor,
tu potencia, tu calor,
tus gemidos,
tu dulzura, tu destreza,
tu suavidad, tu ligereza-
eres diosa.

Pedro Casas Serra (26-01-1993)

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