lunes, 16 de septiembre de 2013

La memoria

Permíteme adentrarme en el recuerdo,
refugio contra la monotonía del presente,
necesito pensar que fui feliz alguna vez
y una explosión de luz es la memoria.

Reconozco tu piel bajo los pinos
sobre la toalla roja de baño,
apenas palpo tu contorno y te hago cosquillas
y tu sola proximidad me electrifica.

Soy náufrago flotando a la deriva
-todo quedó hecho astillas-
y si pienso en mí antes,
pienso en otro.

Me entretengo en tu cuerpo adormecido
y lo recorro como peregrino,
exploro cada parte, cada trozo,
por pequeña que sea, por minúsculo.

No puedo expresarte tanto horror,
tal sensación de pérdida, de quedar tullido,
y tanta necesidad de contestar preguntas
que nadie ha formulado.

Tu cuerpo se despierta soñoliento
y es el mío el que recibe ahora
el agua de mayo de tus caricias
mientras empiezan a sonar palabras.

¿Soy yo aquel que añoro?
¿Mi vida fue otra vida?
¿Lo que no tengo, tuve?...
¿O sólo es un sueño en una pesadilla?

Palabras dulces,
expresiones en clave de enamorados
coronando momentos de intimidad,
ofrendas para nuestros cuerpos.

Recorro mi ciudad
como un autómata,
cumplo mis deberes
como un robot.

No dos cuerpos, un cuerpo
con cuatro brazos,
cuatro piernas
y dos corazones.

Y busco entre miles de rostros,
uno solo
que tenga interés,
pero... ¡es todo tan anodino!

Tan juntos, que parece
que tu lengua es la mía
y mi oreja la tuya.
Y ese dedo que se mueve... ¿de quién es?

Más mayor,
más feo,
mas desconfiado
y más solo cada día.

Tan vibrantes
como una cuerda tensa
hasta que explota el sol
entre los pinos.

Pedro Casas Serra (12-05-1992)

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