sábado, 30 de enero de 2010

Tu cuerpo

Tu cuerpo nunca de acariciar acabaría,
de él para siempre imantado quedaría.

Con el aroma de tu piel me embriagaría,
cual ahogado tu mar me bebería.

Con mi aliento tus formas seguiría,
con mi soplo vida te infundiría.

Con mis besos tu polen libaría,
las flores de tu cuerpo, todas visitaría.

La luz de tu mirada la mía atraería,
perdiéndome en tus ojos, salida encontraría.

Tu mano con la mía mediría,
mi pecho con el tuyo fundiría.

Tus palabras de amor escucharía,
contra tu cuerpo el mío encallaría.

Como ladrón tu ropa robaría,
y al tocarla tu cuerpo rozaría.

De tus piernas la piel erizaría,
el vello de tu vientre peinaría.

De tu figura el mapa trazaría,
al lado de tu cuerpo fondearía.

Si me lo dicen no lo creería,
que, lo que por ti siento, sentiría.

Pedro Casas Serra (17-08-1992)

martes, 26 de enero de 2010

Tibio color de las tres de la tarde...

Tibio color de las tres de la tarde
de un día claro del mes de noviembre.
Llenan rastrojos tostados los campos
donde alinean las vides doradas.
Árboles tiernos, formando una hilera,
marcan el río a la ávida vista.
Dulce azulean montañas lejanas
cerrando en broche el paisaje abarcado.
Una luz diáfana, quieta y tranquila,
recorta nítida cada detalle.
Por el camino del iris abierto
queda en la mente fijada la imagen.

Pedro Casas Serra (09-11-2000)

domingo, 24 de enero de 2010

La cisterna

Eduard: Com Prometeu,
vas pendre un tresor als deus,
i també com Prometeu,
vas ser castigat pels deus.

Ploro avui la teva mort,
i em rebel.la l’injusticia
de que hagis estat punit
per robar d’amor un brí.

“Felicitat: dó de Deu”.
Ningú més no ens podía dir
com, quan ni amb quí
podiam d’anar a dormir.

Eduard: ¿Com vas gosar
canviar mamelles per penis,
forat vaginal per anus,
pell fina per carn peluda?

La llibertat d’estimar
tal com som i com sentim,
sense limits ni barreres,
ens has deixat per botí.


...

Eudaldo: Tal Prometeo
robaste el fuego a los dioses,
y al igual que a Prometeo
los dioses te castigaron.

Hoy me entristece tu muerte
y rebela la injusticia
de que fueras castigado
por algo de amor robado.

“Felicidad: don de Dios”.
Nadie más podía decirnos
cómo, cuándo, ni con quién
debíamos acostarnos.

Eudaldo: ¿Cómo pudiste
cambiar las tetas por pene,
la vagina por un ano,
piel fina por piel peluda?

Hacer posible el amor
como somos y sentimos,
sin límites ni barreras,
nos dejaste por botín.


Pedro Casas Serra (22-01-1995)

sábado, 23 de enero de 2010

Primera visita a la sauna

A la entrada
-discretamente
privada por las plantas-
un conserje
-desagradablemente
amanerado-
te cobra el tícket
y te da la llave,
un paño, una toalla
y unas zapatillas.
Siguiendo un pasillo,
llegas al vestuario
repleto de espejos
en los que mirar,
mirarle, mirarte,
mirarse, miraros.
Has llegado al reino
de la mirada:
esquiva, angulada,
rápida, oculta,
inapreciable.
Te quitas la ropa,
enrollas el paño,
echas la toalla,
calzas zapatillas
y de la muñeca,
te cuelgas la llave.
Ya dispuesto, bajas
por una escalera
y lo que primero
vés, es la piscina
de agua burbujeante,
de la que, desnuda,
la gente entra y sale
cual de una pecera.
Gente que al cruzarse
apenas se mira,
que no se saluda,
pero que se sigue
al reino del tacto.
Éste da comienzo
en el laberinto:
plenamente oscuro,
música suave,
múltiples pasillos,
camastros con cuerpos
que aguardan desnudos
en total reposo.
Junto a él la sauna
-de breve visita
dado su calor-
y luego el vapor
-donde és
como adentrarse en una nube-
y tanteando,
encuentras otro cuerpo
que también te tantea
en mutuo reconocimiento.
Luego vais a la sala
común de duchas
-paraíso de mirones-
y pasado el cuartito
de la televisión
-todo un toque hogareño-
y el bar donde copear,
llegáis a las cabinas
de masaje...

Pedro Casas Serra (01-06-1992)

viernes, 22 de enero de 2010

A mi amigo

Entre luces que ciegan
un instante y se apagan,
mientras otras reflejan
su brillo mortecino;
entre sordos rumores
y estridentes chirridos
que nos dejan sus notas
marcadas en asfalto;
entre voces que lanzan
su cascada argentina
y otras, secas, que escupen
palabras como látigos;
entre rutas marcadas
con cartabón y escuadra,
repletas de una masa
que se mueve, que anda;
entre muros que se alzan
hacia la bóveda alta
y esconden en sus senos
madrigueras de ratas;
entre tanto gentío...
muevo mis pies, cansado
de seres que me espantan,
sin que sienta si me andan.

A mi amigo, ¿lo has visto?
Si es así, dime donde.
¿Es en la noche oscura
con esfera de plata?
¿Es en sombra leñosa
tras la dulce mañana?
¿Es en torre cruzada
que nos marca lo eterno?
¿Es que quizás lo apresan
blanquecinos tentáculos?
¿o es libre como azul
inmenso entre dos techos?

¡Providencia divina!
seme viento
que soplando lo arrastre,
te lo ruego.
¡Providencia divina!
hazte sol
que lo infunda en mi rostro
con su aliento.
¡Providencia divina!
se torrente
que hasta mi me lo traiga
sobre llanto.

Lo necesito ahora.
Lo necesito ahora, este momento.
Lo necesito aquí, junto a mí, adentro.

Sin él noto vacío
todo cuanto era lleno.
Sin él siento temblar
cuanto de firme tengo.
Sin él estoy perdido
y ya ni a mí me encuentro.

No quiero oír palabras
con un extraño acento,
ni ver otra mirada
que la suya, lo siento.
Palpar quiero su zurda
en apretón sincero,
mientras lanzan los labios
las risas del encuentro.

Y sentirme inquirido
con palabra serena
sobre cuanto ha ocurrido
de una escena a otra escena.
Y notar el reflejo
de un corazón gemelo,
sin temor de tipejo,
con valor, sin recelo.

La dirección es una,
uno sólo el anhelo,
dos para conquistarlo,
tres, por mayor refuerzo.
No murmuréis sus faltas,
porque no os lo consiento.
Bastante las conozco...
bastante las recuerdo.

¡He visto a mi amigo!
¡Que sí, que lo he visto!
¡Que sí, que se ha ido!
Pero me ha dejado...
¡contento!

Pedro Casas Serra (5-1965)

miércoles, 20 de enero de 2010

Vivimos unos días y algunas esperanzas (a mis compañeros del Clínico)

Hasta aquí hemos llegado de sitios muy dispares,
cambiamos impresiones, desahogamos angustias,
contamos confidencias. Podemos entendernos,
no en vano hemos tenido iguales experiencias
de dolor, de hospitales y de medicación.
Hemos sido apartados de nuestra vida activa
y nos hemos reunido a causa del azar.
Unos hemos llegado más enteros que otros,
pero todos bastante heridos y maltrechos.
Somos, entre nosotros, unos nuestro pasado,
otros nuestro presente, otros nuestro futuro.
Empleamos mucho tiempo en forjarnos proyectos
que quizás puedan irse al traste el primer día.


Pedro Casas Serra (11-1991)

lunes, 18 de enero de 2010

Coplillas de Tulebras

Por esta vía verde
Tarazonica,
camina que camina
bien aprisica.

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


Ayer por la mañana,
allá en Barillas,
vimos correr los mozos
a las vaquillas.

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


De Tulebras saliendo
por la laguna,
falta medio camino...
¡ya son la una!

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


¿Qué le echarán las monjas
a sus cocidos,
que siempre están tan ricos,
tan bendecidos?

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


Voy a ver del Romero
la virgencita,
¡Madre de Dios hermoso,
qué cuestecita!

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


Prendado del paisaje
quedé en Ablitas.
¡Cuantas cosas que vimos
y qué bonitas!

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


En la iglesia posadas,
allá en Cascante,
¡si no eran veinte cigüeñas...
no eran bastante!

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


¡Vaya con el obispo
de Tarazona!,
¡qué casita la suya!,
¡qué buena zona!

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


De piedra como el puente
quedé en Tudela,
al mirar de los Fueros
la redondela.

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


Viniendo de Malón
de beber vino,
se nos hizo de noche
por el camino.

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


¡Qué grande es de Tulebras
el Monasterio!
¡Qué chiquitico al lado
su cementerio!

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


El río Queiles bajando
desde los puertos,
¡menudos ajos saca
por estos huertos!

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡qué tarde que era!


Con tantos campanazos
por sus maitines,
nos tocan las monjitas...
los cataplines.

¡Quién lo dijera!
Pensando que era pronto...
¡y tan pronto que era!


Pedro Casas Serra (09-08-2004)

sábado, 16 de enero de 2010

Mi barrio

Mi barrio fué creado, con cartabón y escuadra,
por un racionalista ingeniero militar,
sus calles se entrecruzan perpendicularmente,
y sus esquinas tienen la forma de chaflán.

Se construyó hace un siglo, cuando se derribaron
las antiguas murallas de mi vieja ciudad,
extendiéndose ésta por su desierto entorno,
entonces destinado a campo a cultivar.

Triunfaba en aquel tiempo una clase burguesa,
su fuerza y su dinero deseosa de mostrar,
que en aquel nuevo barrio, llamado del ensanche,
se construyó sus casas y otras para alquilar.

Las casas de mi barrio
ofrecen, escondidos,
mil tesoros del arte
para ojos atrevidos.

Sus robustas paredes, de piedra habitualmente,
tienen muy bellamente sus caras trabajadas
por maestros canteros, que las ornamentaron,
unas con filigranas, otras almohadilladas.

Sus hermosas fachadas están enriquecidas
con bellos esgrafiados, pinturas y azulejos,
de temas alegóricos al arte y al comercio,
y también al negocio de su amos egregios.

Sus puertas merecieron especial atención:
de roble construidas, macizas y talladas,
góticas iniciales de los que las pagaron
floreadas las presiden, en su dintel labradas.

Acostumbran lucir,
altas en sus fachadas,
de Jesús y la Virgen
imágenes sagradas.

Ventanas y balcones se encuentran protegidos
con barandas de hierro, de forja o fundición,
-en otras ocasiones, de piedra de arenisca-,
que en complejos dibujos libran competición.

Sólo generalmente en pisos principales,
puestas en las esquinas o centrando fachadas,
sobresalen tribunas, cuyas grandes ventanas
forman multicolores vidrieras emplomadas.

Las casas de mi barrio no tienen un estilo
del todo definido, parecen querer ser
un muestrario de todos, como estando apenadas
de no tener más sitio para más dejar ver.

Veo muchos forasteros
con cara de sorpresa,
recogiendo en sus cámaras
de ellas memoria expresa.

A mi no me sorprende, pues, aunque sean de piedra,
altivos pavo reales soportan sus balcones,
enormes lagartijas corren por sus paredes,
y enmarcan sus ventanas alegres girasoles.

La gente de mi barrio, como si fueran príncipes,
de siempre acostumbrados a comer cada día
ante servicios de oro y copas de cristal,
lo habita indiferente a tanta fantasía.

Son para ella “viejos” suelos multicolores
y techos decorados, por lo que incluso algunos,
en aras al progreso y a la modernidad,
han bajado los otros o cubierto los unos.

Futuros arqueólogos
se lo agradecerán,
cuando tales tesoros
a la luz sacarán.

Pedro Casas Serra (07-08-1992)

martes, 12 de enero de 2010

Salmos para recitar con júbilo ante Amon-Ra

“Para júbilo de tu corazón,
antes de acostarme contigo,
ramos de jazmines cortando,
montaré una corona para ti”



SALMOS PARA RECITAR CON JÚBILO ANTE AMÓN-RA

I

Como una flor me abro a tí,
como un capullo me abro a tí,
hoja a hoja, pétalo a pétalo,
a tu mano que me acaricia,
como una flor me abro a tí,
como un capullo me abro a tí.

Espero con avidez tu líquido,
espero con avidez tu simiente,
como un surco, como una acequia,
de tu caño largo y fuerte,
espero con avidez tu líquido,
espero con avidez tu simiente.

Como un polluelo en su nido,
como un cachorro en su camada,
mi boca se abre, para que la llenes
con tu gusano y tu leche,
como un polluelo en su nido,
como un cachorro en su camada.

Como el campo golpeado por la lluvia,
como el árbol agitado por el viento,
mi cuerpo se te ofrece, dispuesto
a tu llamada, a tu embate,
como el campo golpeado por la lluvia,
como el árbol agitado por el viento.

II

Con encendido amor,
acojo tu reposo,
¡mi luchador!, cansado
de la jornada diaria,
con encendido amor,
acojo tu reposo.

En tálamo nupcial,
bajo las sábanas,
encontrarás mi anillo
listo para tu dedo,
en tálamo nupcial,
bajo las sábanas.

Masa de pan blando,
que inertemente espera,
en tus manos la forma
encontraré temblando,
masa de pan blando,
que inertemente espera.

Los pequeños botones
de mis flores gemelas
se abrirán al contacto
de tu aliento-rocío,
los pequeños botones
de mis flores gemelas.

III

¡Ojo de mis cuencas vacías!
¡Luna de mis noches sin luz!
¡Lazarillo que me lleva
de la mano a mi alimento!
¡Ojo de mis cuencas vacías!
¡Luna de mis noches sin luz!

Quiero ser la uva, el plátano,
quiero ser el melocotón y la ciruela,
que se ofrecen en canastilla
al esperado viajero,
quiero ser la uva, el plátano,
quiero ser el melocotón y la ciruela.

Quiero ser el paisaje soñado,
que se albira al despuntar el monte,
y enciende la sonrisa al caminante,
y acelera el paso de su sangre,
quiero ser el paisaje soñado,
que se albira al despuntar el monte.

Mi cuerpo es mi presente,
mi cuerpo es mi regalo,
levantaré tu ánimo
hasta el éxtasis,
mi cuerpo es mi presente,
mi cuerpo es mi regalo.

IV

Frotando nuestros cuerpos,
nuestros miembros se levantan,
y el mío te señala a tí,
y el tuyo me señala a mí,
frotando nuestros cuerpos,
nuestros miembros se levantan.

Entrecruzando nuestras piernas,
rodeando con los brazos nuestros troncos,
tu boca se abre a la mía,
y mi boca se abre a la tuya,
entrecruzando nuestras piernas,
rodeando con los brazos nuestros troncos.

Separando nuestras cabezas,
empujamos nuestras ingles,
y mi bulto palpita junto al tuyo,
y tu bulto palpita junto al mío,
separando nuestras cabezas,
empujamos nuestras ingles.

Penetramos nuestros oídos con palabras,
empapamos nuestros cuerpos de esencias,
y tu arco toca mi violín,
y mi arco toca tu violín,
penetramos nuestros oídos con palabras,
empapamos nuestros cuerpos de esencias.

V

Estiramos nuestros cuerpos desperezándonos,
tendemos nuestros brazos como jabalinas,
y mi vello se eriza a tu contacto,
y tu vello se eriza a mi contacto,
estiramos nuestros cuerpos desperezándonos,
tendemos nuestros brazos como jabalinas.

Emparejados nuestros miembros,
pesamos el uno sobre el otro,
y mis manos buscan tus agujeros,
y tus manos buscan mis agujeros,
emparejados nuestros miembros,
pesamos el uno sobre el otro.

Golpeamos nuestros tambores con las palmas,
cimbreamos fuertemente nuestras cinturas,
y el agua de tu lluvia colma mi pozo,
y el agua de mi lluvia colma tu pozo,
golpeamos nuestros tambores con las palmas,
cimbreamos fuertemente nuestras cinturas.

Abrimos nuestros sentidos a bocados,
arrojamos nuestros versos al vacío,
y mi alma queda dentro de tí,
y tu alma queda dentro de mí,
abrimos nuestros sentidos a bocados,
arrojamos nuestros versos al vacío.

VI

Embarcados en colosal nave,
encerrados en su vientre-bodega,
tu eres mi mástil y mi vela,
yo soy tu mástil y tu vela,
embarcados en colosal nave,
encerrados en su vientre-bodega.

Desde el barbado mascarón de proa,
desnudos nos lanzamos como arpones,
hundidos en el mar, perseguimos
abrazados, serpientes y tritones,
desde el barbado mascarón de proa,
desnudos nos lanzamos como arpones.

Tumbados en cubierta, miramos las estrellas,
y arrastrados por ellas, cruzamos las noches,
fanales venecianos, de luceros tempranos,
iluminando cuerpos, alumbran las caricias,
tumbados en cubierta, miramos las estrellas,
y arrastrados por ellas, cruzamos las noches.

Impulsados por los mismos vientos,
arrullados por las mismas sirenas,
tu playa es el destino de mi arena,
mi playa es el destino de tu arena,
impulsados por los mismos vientos,
arrullados por las mismas sirenas.

VII

Levantamos nuestros ojos al cielo,
ofrecemos nuestro cuerpo a los dioses,
desde una misma piel,
con una misma mano,
levantamos nuestros ojos al cielo,
ofrecemos nuestro cuerpo a los dioses.

Como pájaros, que sobrevuelan bosques
agrupados en bandadas,
se reflejan nuestras palabras
en estanques dormidos,
como pájaros, que sobrevuelan bosques
agrupados en bandadas.

Como el ave, que levanta el sol
y lo acompaña hasta el ocaso,
mi palabra en tu boca
busca su nido,
como el ave que levanta el sol
y lo acompaña hasta el ocaso.

Mi palabra, enredada en un papel,
que aleteando vuela a tu corazón,
para que desdoblándolo lo leas,
y le infundas con tu aliento su destino,
mi palabra, enredada en un papel
que aleteando vuela a tu corazón.

Pedro Casas Serra (04-01-2000)

lunes, 11 de enero de 2010

La memoria

Permíteme adentrarme en el recuerdo,
refugio contra la monotonía del presente,
necesito pensar que fui feliz alguna vez,
y una explosión de luz es la memoria.

Reconozco tu piel bajo los pinos,
sobre la toalla roja de baño,
apenas palpo tu contorno y te hago cosquillas,
y tu sola proximidad me electrifica.


Soy náufrago flotando a la deriva
-todo quedó hecho astillas-,
y si pienso en mí antes,
pienso en otro.

Me entretengo en tu cuerpo adormecido
y lo recorro como peregrino,
exploro cada parte, cada trozo,
por pequeña que sea, por minúsculo.


No puedo expresarte tanto horror,
tal sensación de pérdida, de quedar tullido,
y tanta necesidad de contestar preguntas
que nadie ha formulado.

Tu cuerpo se despierta soñoliento,
y es el mío el que recibe ahora
el agua de mayo de tus caricias,
mientras empiezan a sonar palabras.


¿Soy yo aquel que añoro?
¿Mi vida fue otra vida?
¿Lo que no tengo, tuve?...
¿O sólo es un sueño en una pesadilla?

Palabras dulces,
expresiones en clave de enamorados
coronando momentos de intimidad,
ofrendas para nuestros cuerpos.


Recorro mi ciudad
como un autómata,
cumplo mis deberes
como un robot.

No dos cuerpos, un cuerpo
con cuatro brazos,
cuatro piernas,
y dos corazones.


Y busco, entre miles de rostros,
uno solo
que tenga interés,
pero... ¡es todo tan anodino!

Tan juntos, que parece
que tu lengua es la mía
y mi oreja la tuya.
Y ese dedo que se mueve... ¿de quién es?


Más mayor,
más feo,
mas desconfiado,
y más solo cada día.

Tan vibrantes
como una cuerda tensa,
hasta que explota el sol
entre los pinos
.

Pedro Casas Serra (12-05-1992)

domingo, 10 de enero de 2010

"Cançó a Mahalta"("Corren les nostres ànimes com dos rius paral.lels") de Màrius Torres

Corren les nostres ànimes com dos rius paral.lels.
Fem el mateix camí sota els mateixos cels.

No podem acostar les nostres vides calmes:
entre el dos hi ha una terra de xipresos i palmes.

En els meandres, grocs de lliris, verds de pau,
sento, com si em seguís, el teu batec suau

i escolto la teva aigua, tremolosa i amiga,
de la font a la mar -la nostra pàtria antiga-.

Màrius Torres (1910-1942)

...

Canción a Mahalta

Discurren nuestras almas cual ríos paralelos.
Hacemos el camino bajo los mismos cielos.

No podemos unir nuestras vidas en calma,
entre ambos una tierra de cipreses y palma.

En los meandros, llenos de lirios y de aves,
oigo seguirme próximo tu palpitar suave

y escucho tu corriente, temblorosa y amiga,
de la fuente a la mar -la patria primitiva-.

Màrius Torres
(versión de de Pedro Casas Serra)


...

Riflettono i nostri cuori quali fiumi paralleli.
Facciamo il cammino sotto gli stessi cieli.

Non possiamo collegare le nostre vite in calma,
tra tutti e due una terra cipresso e palma.

Nei meandri, abbondanze di lirios e di uccelli,
j' intendete seguirmi vicino il vostro essere palpité liscio

e j' ascolta la vostra corrente,
temblorosa ed amichevole,
della fonte al mare - la patria primitiva.

Màrius Torres
(versión de Gala Grosso)

miércoles, 6 de enero de 2010

Un año triste en la vida de Rosita

¡Buaaaaa...! Supongo que sería lo primero que dije cuando nací y reconozco que no fui muy original. Ya me cuidaría yo luego de hablar hasta por los codos, pues hablar ha sido siempre una de mis aficiones favoritas.

Mis padres vivían en la Gran Vía de Barcelona, una de las calles más anchas y bonitas de la ciudad. Barcelona no era como ahora, todo el mundo se conocía, sobre todo en el barrio, donde se compraba, se jugaba... vigilando siempre los tranvías que pasaban muy de tarde en tarde.


Cogíamos temprano el tranvía y no había nadie por las calles. Bajábamos en la plaza de España y hacíamos el resto del camino a pie. Una calle adoquinada, flanqueada por plátanos, nos llevaba a la entrada, la verja era muy alta y nosotros, a su lado, muy pequeños. Pasado el umbral, en un muro, había una lápida conmemorativa. ¡Pobre papá!, ¡Con qué orgullo me había enseñado el nombre de su abuelo, teniente de alcalde con Rius i Taulet!...

- Rosita, ¿sabes que día es hoy?
- Martes, papá.
- Bueno... sí, pero ¿qué día del mes?
- No sé.
- Hoy es día 31 de diciembre, y ¿sabes que es lo que ocurre hoy, Rosita?
- No, papá.
- Hoy sale a la calle el hombre de las narices -papá, con aire misterioso.
- ¿Qué hombre?
- Un hombre que tiene tantas narices como días tiene el año.
- Entonces, ese hombre debe de tener muchas narices -yo, poniendo cara rara.
- Pues tantas como días tiene el año, Rosita. Cuando salgas a la calle, fíjate bien y te aseguro que lo encontrarás.

Cuando papá llegó a casa por la noche, salí corriendo a recibirle y lo primero que hice, antes incluso de darle un beso, fue decirle:

- Papá, papá... he salido a la calle y no he visto al hombre de las narices, aunque lo he buscado por todas partes.
- Y, ¿cuántas narices tenían los hombres que has visto?
- Una, papá, como siempre.
- Y, hoy, 31 de diciembre, ¿cuántos días le quedan al año?
- Uno.
- Entonces, todos los hombres que has visto eran el hombre de las narices, ese que tiene tantas narices como días tiene el año, Rosita.


Subíamos los tres por las anchas avenidas de cipreses con hileras de mausoleos a los lados, algunos adornados con estatuas cuya contemplación producía desconsuelo. A veces, nos parábamos a leer alguna inscripción que el paso del tiempo había envejecido. ¡Cuánto amor, cuánto cariño transmitían! Sin embargo, nunca había nadie junto a ellas y se encontraban en un lamentable estado de abandono.

Mamá nos señalaba algunas sepulturas: “Allí está enterrado un político de renombre, el día de su muerte miles de ciudadanos acompañaron su carroza fúnebre... Ésta es de un poeta, las jovencitas lloraban con sus versos, fijaos, hay una corona de laurel esculpida sobre su nombre... Aquella es la tumba de un tenor italiano, cuando actuaba en el Liceo los aplausos no cesaban, murió durante una representación.”

Mamá decía que yo al nacer era pequeña, morena y con mucho pelo, que era igual que un mico. Papá decía que era muy mona en el buen sentido de la palabra, sin duda porque me parecía a él.

Mi nacimiento fue motivo de alegría y en casa ya tenían preparada mi canastilla con todo lo necesario: camisetitas, braguitas, calcetinitos, vestiditos, jersecitos y zapatitos. Los había zules y rosas, porque no sabían que iba a ser, si iño o niña. Lo azul rápidamente fue desechado y a mí me pusieron un lacito rosa en el pelo aguantado con jabón para evitar equívocos.

Empezaron a llegar amigos y parientes para conocerme y las bromas fueron generales, pues era 27 de diciembre y todos decían que por muy poco yo no era una inocentada. Ya desde niña tuve fama de jaimita.


Tras caminar un buen trecho, alcanzábamos el sector donde se encontraba la tumba de papá. Se hallaba en una pared orientada al sur y delante de ella había un mirador desde donde se podía ver el mar. Mamá sacaba entonces unos trapos de su bolso, los humedecía en una fuente próxima y limpiaba con esmero su lápida, luego retiraba las flores mustias que la adornaban y las cambiaba por flores frescas que llevábamos. Nosotros, mientras tanto, visitábamos las tumbas próximas que conocíamos de otras veces hasta en sus más íntimos recovecos.

Cuando mamá acababa, nos convocaba junto a ella y rezábamos los tres en voz alta: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, el pan nuestro de cada día, danosle hoy, y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal. Amen.” Permanecíamos un minuto en silencio, que a mi se me hacía larguísimo... y a continuación, nos santiguábamos y emprendíamos el regreso a casa.

- Vamos, Rosita, ¡ánimo!, ven aquí con mamá.
(Claro, para ti es fácil porque eres grande, pero para mí... con mis piernecitas y esos enormes pañales que me has puesto... Voy a ver si puedo enderezarme... parece que sí... ahora adelanto un pie... otro... ¡Yupi! Ya he llegado a los brazos de mi mamá)
- ¡Pedro, Pedro! Ven rápido que Rosita ya ha dado sus primeros pasitos.


Despejado o nublado, en invierno o en verano, fuimos cada domingo al cementerio durante un año. Recuerdo ese año como un año triste que yo deseaba que pasase pronto.

Pedro Casas Serra (06-01-2010)

domingo, 3 de enero de 2010

¿quién es esta mujer?

¿quién es
esta mujer
que duerme
con su cabeza
en mi regazo?

su cara
irradia paz,
irradia luz

ayer,
llegamos
a este hotel,
nos acostamos

mañana
nos levantaremos,
seguiremos
nuestro camino

pero hoy,
es joven,
es bella,
duerme tranquila
y se apoya en mí



Pedro Casas Serra (08-07-2008)

viernes, 1 de enero de 2010

Como si fuera ciego y sordomudo

Déjame poseerte sin palabras, sin mirarte,
como si fuera ciego y sordomudo. Olerte
y recorrerte con las manos siguiendo tu contorno,
desde los pies hasta la cabeza. Acercarme,
unir mi cuerpo al tuyo, mi piel contra la tuya,
lentamente. Soplarte suavemente en las mejillas,
los pezones y también en la planta de los pies.
Reseguir con la lengua la curva de tu cuello,
linea de tus cejas, meterla en tus orejas
y en tu ombligo. Hundir la nariz en tu vientre,
mordisquear tu cintura y el vello de tu pubis.
Acariciar tu clítoris rítmicamente y entretanto
besarte, recorriendo tu lengua, tu boca,
tus dientes. Déjame penetrarte despacio
y atraerte hacia mí, con mis brazos,
en un fuerte abrazo. Cabalgaremos juntos
formando un todo único y mezclaremos
nuestros cuerpos y nuestros olores.
Entrecruzados, seremos como un ser
mitológico de dos cabezas y cuatro brazos.
Y todo estallará al descargar yo dentro de tí
y una corriente eléctrica nos recorrerá
y nos fundirá. Luego, como niños saciados,
nuestros miembros y manos quedarán
relajados. Más tarde, nos dormiremos plácidamente.

Pedro Casas Serra (15-05-1992)