lunes, 31 de marzo de 2014

A Miguel Hernández

A quien oído aguza, de Miguel
suena la voz en los campos que amaba,
que fueron suyos mientras los andaba,
pastoreando rimas como él.

Miguel de los amores y Miguel
que ante tanto dolor se rebelaba,
corazón de cristal que tintineaba
con dulzura, guiándonos tras él.

Miguel, que deja un rastro de azucenas,
de claveles y rosas, de verbenas
que deshojadas llevan hasta él.

Miguel: Te fuiste lejos, pero dejas
tus versos que zumbando como abejas,
nos recuerdan: Miguel, Miguel, Miguel...

Pedro Casas Serra (15-10-2010)

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