jueves, 2 de febrero de 2017

El niño abandonado

El recuerdo más antiguo que tenía era encontrarse de pequeño llorando durante horas en el recibidor de casa de su madre. No sabía si había ocurrido o se lo había inventado, pero este recuerdo siempre le había inquietado y, como su madre, cuando el nació, ya era sorda, había llegado a la conclusión de que el motivo de que no acudiera a su llanto era porque no le oía. Esta explicación resultaba razonable y por ello hacía tiempo que pensaba que no debía sufrir más por este recuerdo.

Sin embargo, seguía siendo extremadamente susceptible a cualquier desatención que la persona que amaba le hiciera, y llegaba a tal extremo su sensación de abandono en tales ocasiones, que no podía evitar cortar la relación cuando se sentía así. Y en cada nuevo enamoramiento (porque por otra parte era enamoradizo y apasionado) era más exigente con la persona amada, siempre por ese miedo a ser abandonado.

Pensando en esto y en su infancia, recordó que en una ocasión su madre le había explicado que siendo bebé y encontrándose en su cochecito, al sol, en un jardín, se habían olvidado de él y al regresar, lo habían encontrado a punto de sufrir una insolación. Quizás fuera ésta la causa del miedo tan grande que tenía a ser abandonado, no siendo el recuerdo del recibidor sino una consecuencia de esta vivencia anterior.

Su madre le quería mucho y él quería mucho a su madre. ¿Por qué entonces esta sensación de haber sido abandonado por ella? ¿Respondía a una realidad o era consecuencia de poseer un carácter extremadamente sensible? ¿No podría librarse nunca de esta angustia? ¿Rompería siempre sus relaciones por miedo a que lo abandonaran? ¿Estaba condenado a vivir solo?

Pedro Casas Serra

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