SOL DE LA MAÑANA, DE EDWARD HOPPER (1952)
Jo está sentada sobre el lecho
con las piernas dobladas
sujetas con los brazos.
Su pelo recogido en un moñete,
descalza,
una combinación es todo lo que lleva.
Jo mira la ventana
que enmarca un cielo azul
y un edificio de ladrillo rojo.
Entra el sol por el vano
proyectando, del muro, la sombra en la pared,
y la de Jo en la cama.
Como sacerdotisa, Jo recibe la luz.
En la simplicidad
reside la belleza.
Pedro Casas Serra (Cuadros, 09-06-2024)


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