RETRATO DE CATALINA DE ARAGÓN, DE JUAN DE FLANDES (1496)
Apenas una niña de once años,
La han sacado del juego para hacerle
un retrato. Vestida con un traje ablusado
sin adornos, recogido su pelo castaño
detrás de la cabeza, sin pendientes,
collares ni pulseras, solo lleva
en la mano, un capullo de rosa. Así,
destaca más su óvalo de cara,
su frente despejada, su sonrosada tez,
sus cejas casi sin perfilar, su nariz
rectilínea, su boca diminuta de piñón
y el caracol de su pequeña oreja.
Y unos ojos marrones, almendrados,
de una mirada absorta, perdida y ensoñada.
Tan pronto haya secado la pintura,
partirá para Londres el plenipotenciario
que ha de concertar su matrimonio
con el príncipe inglés. Es un regalo.
Pedro Casas Serra (Cuadros, 27-05-2024)


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