PEINAR EL CABELLO, DE EDGAR DEGAS (1896)
Envuelta en roja llama,
tu cabeza soporta con paciencia
tirones del cepillo que peina tu cabello
para desenredarlo cada noche.
En contraste con su rojo color,
tu blanca mano, tan blanca, se apoya
en tu frente, cortando el sufrimiento
que los estiramientos te producen.
Soportas los tirones con los ojos cerrados.
¿Cuál será su color? ¿Serán verde felinos?
Pero tú estás pensando en otra cosa:
Que, de pie, ocultando tu cuerpo
que se intuye desnudo al traslúz,
tu cabello supera tu cintura,
como cortina grana que convida
a ser atravesada para el goce.
Y que también es muro que separa
de ese mundo cruel que queda al otro lado,
ramaje con el que construir
tu nido para siempre.
Pedro Casas Serra (Cuadros, 19-05-2024)


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