No se habla como se escribe.
La naturaleza nos sirve para hablar de nosotros.
El soneto es la gimnasia del poeta.
A cada cuento, un canto.
Los símbolos son universales, las metáforas, particulares.
Poesía intimista
No se habla como se escribe.
La naturaleza nos sirve para hablar de nosotros.
El soneto es la gimnasia del poeta.
A cada cuento, un canto.
Los símbolos son universales, las metáforas, particulares.
El sabio es humilde y quien lo descubre, inteligente.
Todo lo que sé, me lo ha enseñado alguien.
No dejar de aprender es propio de maestros,
No existe edad para quien es capaz de sentir admiración.
Escribimos
sobre una urdimbre de siglos.
La escritura es la belleza de los dedos.
Yo ya jugaba con las letras de la pasta de sopa.
Solo enseña el que no sabe.
Absorbemos y rebosamos.
Todos somos camino para alguien.
Los sueños son lugares de reencuentro.
El sauce es sabio porque piensa mucho.
No recuerdo haber visto nunca a un cisne enfadado.
Un viaje nocturno en tren es como atravesar el cielo.
Ser poeta, ¡caramba, caramba!, es una alta meta.
La ilusión es un resplandor en la oscuridad.
Ese sombrero está pidiendo que lo saquen a pasear.
Soñar es perseguir el horizonte.
Los payasos solo llevan la risa pintada en el rostro.
Las manos son los ojos del ciego.
Quien nos ha enseñado las palabras, estará siempre en ellas.
La palabra amiga es un regalo.
Con palabras solo no se cambia el mundo, pero pueden dar ideas.
Es curioso: nadie odia las ventanas.
Las llamas pueden transformarse en canto.
Cada palabra tiene su lugar en el poema.
Las palabras sirve para amarnos a distancia.
A las palabras hay que tratarlas con cariño.
Hay palabras que golpean como puños.
Usamos muchas veces las palabras sin entenderlas.