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viernes, 18 de septiembre de 2015

¡A Granada!

¡A GRANADA!


¡Usaremos las manos de troneras

para desalojar a los ladrones

que vienen a robarnos nuestro amor!


Vuela cantando el tren y entre silbidos

- ¡qué importa el color del corazón si es puro! -

nos lleva a los castillos de la Alhambra.


¡Cómo ansían de agua nuestros cuerpos!

¡Pequeños nos volvemos al mirarla!

Roja pasión nos llama... ¡y allá vamos!


Pedro Casas Serra (04-12-2004)

jueves, 17 de septiembre de 2015

Voces de Salamanca

VOCES DE SALAMANCA


Pusieron los cristianos

sus catedrales

donde antes los romanos

sus ojuelos.


Salamanca es una isla

que quisiera ser jardín,

espíritus blasonados

nunca acaban de morir.


Si ríe es una bengala

y si llora es un rubí,

cosidas sus cresterías

con hilos de oro y orín.


Campanas de sus iglesias

que a mí me hacen tilín

me invitan a ir de paseo

montado en un calesín.


...


Cuando veo a mi niño

quedo desnudo,

y de comer limones

tartamudo.


Que si me bebe el agua

deja contento,

y si pasa de largo

deja sediento.


¡Niño de los melones,

ven a mi vera!,

¡si una vez resucito

ocho me muera!


...


Si me dices que sí

te dejo vivir,

si me dices que no

te condeno yo.


Como antes los conventos

eran más grandes

o había más penitentes

o había más hambres.


Franco y la Inquisición

con sus prisiones...

si primero marranos

luego masones.


Muchos ciegos buscando

su lazarillo

se sientan en sus aulas

por sacar brillo.


...


¿Dónde paran las piedras

de los salones

que levantaron?

¿Dónde los estandartes

y los pendones

que arrebataron?


Las piedras de palacio

de una en una

se las llevaron.

Las naciones vencidas

una tras otra

se rebelaron.


Que si el vivir es morir

y el morir es el vivir,

si hoy ayudo a la santa

en sus fundaciones,

me ganaré de muerto

sus bendiciones.


...


Por no despertar pasiones

no me asomo a mis balcones,

solo en fastas ocasiones

entreabro mis calzones.

"Quoque natura donat,

Santus Petrus benedicat".


Pedro Casas Serra (31-12-2005)

miércoles, 16 de septiembre de 2015

El volcán

EL VOLCÁN


Era temprano, apenas

clareaba el día.

Bajé del coche e inicié el camino

que por su falda

lleva al volcán de Santa Margarita.

Llegado arriba, vi la verde taza

y en su centro la ermita.

Quise alcanzarla

y la senda, girando,

me condujo hasta el cráter.

Allí, algo más lejos,

vi un saco de dormir

- estaba en medio

del cráter del volcán

y en su interior

una pareja hacía el amor.

Me alejé para no turbar su acierto.


Pedro Casas Serra (09-1990,02)

martes, 15 de septiembre de 2015

Pocas cosas hay...

POCAS COSAS HAY...


Pocas cosas hay como entrar

en el mar despacio y que el agua

vaya subiendo por tu cuerpo

produciéndote diversas sensaciones

según la parte del mismo que alcanza,

nadar unas brazadas alejándote

de la orilla y dejarte balancear

haciendo el muerto y si es un día

de ésos en los que hace resaca,

vencer la misma y al llegar

donde rompen las olas, arrojarte

a la arena como un madero viejo.


Pedro Casas Serra (08-10-1992,02)

lunes, 14 de septiembre de 2015

¿Recuerdas Marrakech, la de la Koutouvia?

¿RECUERDAS MARRAKECH, LA DE LA KOUTOUBIA?


¿La que en verano muere al mediodía y resucita al ponerse el sol?

¿la de las inmensas murallas de adobe rojo?

¿la que solo tiene hombres en las terrazas de sus cafés?

¿la de los dulces apilados y las comidas especiadas?

¿la de los vergeles tras las tapias?

¿la de los jóvenes que te miran y dicen “ça va?”

¿la de las motocicletas que hay que sortear para cruzar las calles?

¿la de las calesas para turistas y los camellos para hacerse una fotografía?

¿la de la inmensa plaza Djamâa El Fna abarrotada de diversas gentes?

¿la que no permite a los infieles visitar sus mezquitas?

¿la de los zocos de enrevesadas calles e infinitos productos?

¿la de las noches frescas y sosegadas y los días calientes y bulliciosos?

¿la que cuida y protege sus palmeras hasta cuando levanta un muro?

¿la de las carpas doradas que llenan a rebosar el estanque de la Menara?

¿la que escucha la voz de sus muecines cinco veces al día?

¿la de las bellas mujeres, de caras blanquísimas, vestidas con sus túnicas?

¿la de las fuentes en que juegan niños y las torres con cigüeñas?

¿la que huele a jazmín junto a sus muros y a boñiga en su asfalto?

¿la del cielo casi blanco y los edificios color salmón?

¿la de las grandes puertas y junto a ellas los cementerios?

¿la de los gatos enmascarados que recorren por la noche sus murallas?

¿la de los vendedores que te llaman y te tocan?

¿la del té a la menta y el regateo?

¿la que llenaba con multitudes sus jardines al atardecer?

¿la que acogió nuestros pasos y nuestro amor?


Sí, la recuerdo.


Pedro Casas Serra (06-09-2000)

domingo, 13 de septiembre de 2015

La charca

LA CHARCA


Hasta aquí me trajo la soledad

que sirviéndome de traje me acompaña.

¿Qué más da que me mueva entre la gente

si entre ella no hallan eco mis palabras?

He caminado mucho, doblado mil esquinas

para no hallar detrás sino otra esquina y otra.

He gritado, he cantado, he hablado, he suspirado...

y mi voz se ha perdido entre millones de otras.


Por eso, al divisar la flor de las adelfas

en el arroyo seco, me he acercado

y he encontrado la charca de aguas verdes,

festoneada de juncos y de cañas, similar a un espejo,

y cansado, me he echado junto a ella, en su orilla,

y he entornado los ojos para hallar el reposo

y encontrarme a mí mismo ya que no encuentro a otro

que atienda mis razones y me entregue las suyas.


Y al abrirlos he visto dobladas mis facciones

y la misma pregunta al fondo de otros ojos,

y me he alzado deprisa, en un acto reflejo,

dispuesto a abalanzarme en el agua a su encuentro

cuando una mano firme me ha aferrado del hombro,

y al girarme, he encontrado, junto a mí, a mi reflejo.


Pedro Casas Serra (27-09-1992)

sábado, 12 de septiembre de 2015

Coplillas de Tulebras

COPLILLAS DE TULEBRAS


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


Por esta vía verde

Tarazonica,

camina que camina

bien aprisica.


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


Ayer por la mañana,

allá en Barillas,

vimos correr los mozos

a las vaquillas.


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde que era!


De Tulebras saliendo

por la laguna,

falta medio camino...

¡y ya es la una!


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


¿Qué le echarán las monjas

a sus cocidos,

que siempre están tan ricos,

tan bendecidos?


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


Voy a ver del Romero

la virgencita,

¡Madre de Dios hermoso,

qué cuestecita!


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


Prendado del paisaje

quedé en Ablitas,

¡que tantas cosas vimos

y qué bonitas!


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


En la iglesia posadas,

allá en Cascante,

¡si no eran veinte cigüeñas...

no eran bastante!


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


¡Vaya con el obispo

de Tarazona!,

¡qué casita la suya!,

¡qué buena zona!


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


De piedra como el puente

quedé en Tudela,

al mirar de los Fueros

la redondela.


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


Viniendo de Malón,

de beber vino,

se nos hizo de noche

por el camino.


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


¡Qué grande es de Tulebras

el Monasterio!

¡Qué chiquitico al lado

su cementerio!


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


Río Queiles bajando

desde los puertos,

¡menudos ajos saca

por estos huertos!


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡qué tarde era!


Con tantos campanazos

por sus maitines,

nos tocan las monjitas...

los cataplines.


¡Quién lo dijera!

Pensando que era pronto...

¡y tan pronto que era!


Pedro Casas Serra (09-08-2004)

viernes, 11 de septiembre de 2015

Tibio color de las tres de la tarde...

TIBIO COLOR DE LAS TRES DE LA TARDE...


.......Tibio color de las tres de la tarde

de un día claro del mes de noviembre.

.......Llenan rastrojos tostados los campos

donde alinean las vides doradas.

.......Árboles tiernos formando una hilera

marcan el río a la ávida vista.

.......Dulce azulean montañas lejanas

cerrando en broche el paisaje abarcado.

.......Una luz diáfana, quieta y tranquila

recorta nítida cada detalle.

.......Por el camino del iris abierto

queda fijada en la mente la imagen.


Pedro Casas Serra (09-11-2000,05)

jueves, 10 de septiembre de 2015

Cantos de Estambul

CANTOS DE ESTAMBUL


¡Grande es el amor para quien acude a su llamada!

¡Ven, acude a la llamada del amor!

El amor lavará tus miembros en fuentes de mármol de Mármara.

El amor tenderá a tus pies alfombras de seda de Sivas.

El amor cubrirá tu cabeza con bóvedas revestidas de azulejos de Iznik.

¡Grande es el amor para quien acude a su llamada!

¡Ven, acude a la llamada del amor!


¡Mírame, soy el inmenso plátano del parque de Sultanahmet

y mis raíces se nutren con el agua de la cisterna de Yerebatán!

He dado sombra a los jenízaros del Imperio otomano.

He dado sombra a los “jóvenes turcos” de Kemal Atatürk.

He dado sombra a los turistas que, como tú, visitan la Mezquita Azul.

¡Mírame, soy el inmenso plátano del parque de Sultanahmet

y mis raíces se nutren con el agua de la cisterna de Yerebatán!


¡Huéleme, soy el agua repleta de peces del estrecho del Bósforo

donde arrojan sus sedales los pescadores de Üsküdar!

Guardo el reflejo de la nave de Jasón en busca del vellocino de oro.

Guardo el reflejo de las murallas en llamas de Constantinopla.

Guardo el reflejo de las mujeres del harén del palacio Dolmabahçe.

¡Huéleme, soy el agua repleta de peces del estrecho del Bósforo

donde arrojan sus sedales los pescadores de Üsküdar!


¡Siénteme, soy la mano del masajista del hamam de Cemberlitas

que frota tu cuerpo, tumbado para sudar, sobre la “piedra del vientre“!

La misma mano que blandió la cimitarra en la guerra santa del Islam.

La misma mano que empuñó el remo en la nave de Barbarroja.

La misma mano que se lleva a la boca el narguilé.

¡Siénteme, soy la mano del masajista del hamam de Cemberlitas

que frota tu cuerpo, tumbado para sudar, sobre la “piedra del vientre“!


¡Gústame, soy la fruta del vendedor ambulante de la plaza Taksim

traída para tu deleite desde la Anatolia más profunda!

¡Nada iguala la dulzura de mis higos!

¡Nada iguala la frescura de mis peras!

¡Nada iguala la carnosidad de mis melocotones!

¡Gústame, soy la fruta del vendedor ambulante de la plaza Taksim

traída para tu deleite desde la Anatolia más profunda!


Pedro Casas Serra (09-09-2001)

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Instante

INSTANTE


Ha llegado el tiempo

de tumbarse al sol,

de notar su calor

y de ver pasar las nubes.

Hay un fondo de trinos

que acompaña

y pasear es dulce en compañía.

Ayer llovió,

las calles están limpias

y la hierba es más verde.

Sentado en un banco,

veo pasar personas

y las hojas que arrastra el aire.

Las parejas se tumban en la hierba,

los niños juegan,

el tiempo pasa despacio,

y si fuera posible,

quisiéramos detenerlo para siempre.


Pedro Casas Serra (10-05-1991,02)

martes, 8 de septiembre de 2015

El tren

EL TREN

Declaración de amor en un aniversario.


Día claro, sin nubes,

y yo en un tren hacia Vilafranca,

consciente de que mi enfermedad me engaña,

y sin embargo repetidamente confundido.

¡Cuántas cosas no he hecho!

¡Cuántas personas no he conocido por un temor injustificado!

¡Cuántas he rechazado por un motivo baladí!

¡El tren conoce su camino mucho mejor que yo!

Enfermedad que crea desconfianza:

“Quieren fastidiarme.” “No me entienden.”

“¿Soy objetivo?” “¿Podré acabarlo?”

Paso por estaciones casi vacías

- en estas fechas, por esta línea,

no viaja casi nadie.

Pero la soledad no me molesta,

la gente siempre obliga a algo:

hablar, reír... exige un esfuerzo

que hoy no estoy dispuesto a hacer.

La mirada se extiende

y el paisaje pasa como una película.

¡Cuántas imágenes! ¡Cuántos colores!

¡Cuántas luces me llenan interiormente!

Necesito la luz, el aire,

creo que moriría si perdiera la vista.

Después el tacto pero

más que el que produce tocar

el que produce que te toquen:

el sol, unas manos que te acarician...

El habla depende de los días, las personas.

El olfato - ese desconocido.

El oído es el menos necesario,

casi todos los sonidos son molestos:

el traqueteo del tren,

las voces agudas de dos mujeres que hablan.

Me comunican más los árboles - pinos -

la tierra rojiza, el cielo azul,

los matorrales, las cañas junto a la vía,

el río que atravieso.

Me llenan mucho más

y me acompañan

mucho más que las palabras:

las que anuncian las estaciones

- siempre estridentes, resonantes -

las de las dos mujeres que ahora bajan

- las personas son más agradables cuando callan

o hablan bajo, modulan,

sonríen mejor que ríen,

hay pocas risas amables, naturales.

Ahora vamos más deprisa,

lo pequeño apenas se fija en la retina,

solo quedan las formas más grandes:

el bosque, el viñedo, las colinas, el talud,

la carretera que atravesamos...

Y otra parada, Gelida.

¡Para qué correr tanto si enseguida se para!

Me gustaría pintar este paisaje,

describirlo con un lápiz,

tan natural, todo vida,

con sus mil colores y sus mil formas,

sus mil olores, sensaciones al tacto,

sonidos apenas perceptibles.

Integrarme en la naturaleza

- me siento parte de ella, más animal que racional.

Me gusta más ser animal:

en pleno bosque revolcarme en la tierra,

acariciar las hojas,

ver el cielo a su trasluz.

La civilización me incomoda:

la velocidad, el estruendo,

la masificación, los malos olores,

la polución, los espacios limitados,

su gris sucio, la dureza del cemento,

los prefabricados, la música enlatada.

En el campo, en la playa,

mi mente se abre, se expande,

se desatasca, se desentumece, sale afuera,

llamada por el sol, el aire

- mil veces más matizado que la luz eléctrica,

mil veces más saludable que el aire acondicionado -

la tierra, las copas de los árboles

- mil veces más amplia que cualquier piso,

mil veces más altas que cualquier techo -

la tibieza del sol, el sonido del campo

- mil veces más abrigado que cualquier vestido,

mil veces más grato que cualquier música -

y con mis piernas, mis brazos

- mil veces más resistentes que cualquier vehículo,

mil veces mas aptos que cualquier instrumento -

recorrer un paisaje, un espacio

- mil veces más pintoresco que cualquier habitación,

mil veces mayor que cualquier frontera -

para llegar hasta otro animal

como yo

que con su forma, su luz, sus gestos,

su olor, su expresión, su movimiento

me atrae

- mil veces más que cualquier objeto,

mil veces más que cualquier monumento -

para abrazarlo

como si fuera un árbol, el sol, el mar, el viento.


Pedro Casas Serra (09-08-2000)

lunes, 7 de septiembre de 2015

El eclipse

EL ECLIPSE


Con gentes desnudas……….junto al mar

lo contemplo……….a través de cristales ahumados.

Al zambullirme……….rompo su superficie plana

único pececillo……….en su verde claridad.

Paseo mi sombra……….sobre su arena arada,

seis veces braceo……….en su silencio pálido

antes de resurgir……….necesitado de aire

de entre sus aguas……….el día del eclipse.


Pedro Casas Serra (14-08-1999)

domingo, 6 de septiembre de 2015

Llanto sobre el Rhin

LLANTO SOBRE EL RHIN


........................I


¿No oís sus voces? Suenan airadas

apagando el eco de vuestras canciones.

Vienen en tropel, de todas partes

surgen emergiendo del lodo.


Mientras los días transcurren placenteros

acecha el monstruo y de sus fauces

brotan llamas que abrasan.

Miras y no ves sino desesperación.


¿Valía la pena tañer campanas?,

¿las palabras solemnes?, ¿los himnos marciales?

Los jardines con cruces no contestan,

con su dulce silencio resignado.


Si aún te quedan fuerzas, acércate al río,

métete en el agua, hunde tu cabeza

y reza una oración,

así probablemente conocerás la respuesta.


........................II


He visto saltar las techumbres

entre truenos de bombas y rojas llamaradas,

y a las gentes, como chinches,

abandonar sus casas.


Hoy suenan de nuevo las campanas

y enamorados enlazados

me contemplan: arcángel

al que un arzobispo anidó en su torre.


Cualquier día me echaré a volar,

yo también necesitado de otro

que imagino me aguarda

al otro lado del pináculo.


También yo necesito de su sangre

y de que sacie sus apetitos en mí,

mordisqueándome las alas

hasta alcanzar el orgasmo.


........................III


El río transcurre placentero

arrastrando indolente las barcazas,

entre viejos castillos

que ríen desdentados su soberbia.


Él da la razón a los niños

que chapotean desnudos sus orillas,

y a los enamorados que bajo los sauces

tienden mantas sobre las que yacer.


¡Que no crezcan esos niños dorados

que aparecen y desaparecen entre sus aguas!

¡Que no cesen los amantes en sus juegos!

¡Que no pase el tiempo!


Pues recordad esos días odiosos

en que bajo las botas

temblaban los puentes,

y aun las piedras lloraban.


Pedro Casas Serra (11-08-2003)

sábado, 5 de septiembre de 2015

Cuando las hojas...

CUANDO LAS HOJAS...


Cuando las hojas alfombran los paseos

y en los parterres no hay más flores

que alguna medio muerta en las adelfas,

cuando las copas de los árboles

amarillean y empiezan a enseñar sus ramas

cual muñones desnudos, cuando palomas

y cotorras se reflejan en el cielo

como en un espejo de plata bruñida,

cuando ves a la gente enfundarse el jersey

y cambiar sus sandalias por zapatos...

entonces puedes decir que se acabó el verano.


Pedro Casas Serra (08-10-1992,03)

viernes, 4 de septiembre de 2015

La excursión

 

LA EXCURSIÓN


Salí del camping muy temprano,

mi perra por delante.

Tomé la carretera junto al río

hacia su cabecera.

A un lado veía el río

al fondo de un barranco,

al otro

trigales salpicados de amapolas,

y en los arcenes

copudos árboles

formaban casi un túnel.

Llegado al puente

donde la carretera cruza el río

y se aleja hacia el valle vecino,

donde la zona de acampada

entonces vacía,

tomé la pista

que por su margen derecho

sigue el río.

Pasé el canal de la central eléctrica

con su gorgoteo de agua al deslizarse,

llegué a la presa rota,

la que forma un remanso de aguas frías

donde me he chapuzado algunas veces,

avisté la masía abandonada

y la pequeña ermita en la colina,

alcancé la casa de colonias

y en la fuente de enfrente

bebí un trago.

Dejé la pista

y cogí un sendero

al lado de otro río

- si menos caudaloso más bravío -

y primero entre prados

- otrora cultivados

por los habitantes del molino en ruinas -

y después

entre matorrales y arbustos,

fui subiendo.

El tiempo iba pasando en el esfuerzo

y el sol, siempre más alto,

golpeaba mis espaldas

ahogándome en calor.

Sudaba.

Por eso,

me quité la camisa

y la metí en la bolsa que llevaba

con un libro, la crema y la toalla.

Pronto,

los pantalones y la camiseta

hicieron compañía a la camisa.

En slip y alpargatas

continué el camino.

Ahora el sendero

se hundía entre los árboles

formándose un ambiente

umbrío y húmedo

- era agradable.

Solo se oía el agua

y el trino de algún pájaro,

y a veces,

entre los matorrales,

vislumbraba el torrente.

Estaba entre semana,

en un sendero ignoto

inaccesible para los automóviles,

por eso

me quité el bañador y las alpargatas

y me quedé desnudo.

Y seguí caminando

desnudo.

Mis pies

me transmitían el pulso de la tierra,

mis oídos estaban

listos al menor ruido

y mi vista escrutaba el territorio

para librarme de cualquier tropiezo,

en tanto mis pulmones

se llenaban de la humedad del bosque;

y estaba todo sensibilizado,

en tensión,

y andaba presuroso,

saltando y brincando,

casi corriendo,

sintiéndome radiante,

lleno de fuerza y vida, liberado

de ataduras y angustias,

como formando parte

de un espacio naciente

que hollara yo el primero

descendiendo

genéticamente

por el árbol de la especie...

Alcancé el viejo puente

y bajé hasta un recodo del torrente

donde el margen de piedra

lavado por el agua

forma un solárium natural.

Allí pasé el día.

Retocé como un niño

deslizándome por las bruñidas losas,

sumergiéndome en hoyos

en que el frío

me cortaba el aliento

para luego tenderme

a secar en la orilla,

los miembros extendidos como un cristo,

abrazando ora el sol

ora la tierra;

y otra vez remojones

y otra vez secados,

adormilándome y desperezándome,

hasta que el sol se subió a la montaña

dejando el río en sombras.

Entonces, de regreso,

bajé por el torrente

dejándome llevar

hasta la casa de colonias,

puse allí pie en la orilla,

extraje de mi bolsa

toda mi indumentaria,

me vestí,

bebí un trago en la fuente...

y regresé hacia el camping,

mi perra por delante.


Pedro Casas Serra (05-06-1992)

jueves, 3 de septiembre de 2015

Faunos

FAUNOS


Esta tarde vente conmigo al río,

a ese recodo que conozco al que no llega nadie.

Allí chapotearemos como locos

para después tomar el sol, echados

sobre las piedras planas del ribazo.

¡Verás cómo te gusta!

El agua está muy fresca allí y solo se oyen pájaros

y el murmullo del agua

al chocar con las rocas más grandes.

Es un lugar ideal para aprender a amarnos,

como niños, jugando,

descubrir nuestros cuerpos hechos para el amor,

y para perseguirnos, como faunos,

corriendo por el bosque entre los árboles

hasta caer en brazos el uno del otro.


Pedro Casas Serra (29-07-1992,02)

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Mi barrio

MI BARRIO


Mi barrio fue creado con cartabón y escuadra

por un racionalista ingeniero militar,

sus calles se entrecruzan perpendicularmente

y sus esquinas tienen la forma de chaflán.


Se construyó hace un siglo cuando se derribaron

las antiguas murallas de mi vieja ciudad,

extendiéndose ésta por su desierto entorno,

entonces destinado a campo a cultivar.


Triunfaba en aquel tiempo una clase burguesa

su fuerza y su dinero deseosa de mostrar,

que en aquel nuevo barrio llamado del Ensanche

se construyó sus casas y otras para alquilar.


Las casas de mi barrio

ofrecen escondidos

mil tesoros del arte

para ojos atrevidos.


Sus robustas paredes, de piedra habitualmente,

tienen muy bellamente sus caras trabajadas

por maestros canteros que las ornamentaron,

unas con filigranas, otras almohadilladas.


Sus hermosas fachadas están enriquecidas

con bellos esgrafiados, pinturas y azulejos

de temas alegóricos al arte y al comercio

y también al negocio de su amos egregios.


Sus puertas merecieron especial atención:

de roble construidas, macizas y talladas,

góticas iniciales de los que las pagaron

floreadas las presiden en su dintel labradas.


Acostumbran lucir,

altas en sus fachadas,

de Jesús y la Virgen

imágenes sagradas.


Ventanas y balcones se encuentran protegidos

con barandas de hierro, de forja o fundición

- en otras ocasiones, de piedra de arenisca -

que en complejos dibujos libran competición.


Solo generalmente en pisos principales,

puestas en las esquinas o centrando fachadas,

sobresalen tribunas cuyas grandes ventanas

forman multicolores vidrieras emplomadas.


Las casas de mi barrio no tienen un estilo

del todo definido, parecen querer ser

un muestrario de todos, como estando apenadas

de no tener más sitio para más dejar ver.


Veo muchos forasteros

con cara de sorpresa

recogiendo en sus cámaras

de ellas memoria expresa.


A mí no me sorprende, pues, aunque sean de piedra,

altivos pavo reales soportan sus balcones,

enormes lagartijas corren por sus paredes

y enmarcan sus ventanas alegres girasoles.


La gente de mi barrio, como si fueran príncipes

de siempre acostumbrados a comer cada día

ante servicios de oro y copas de cristal,

lo habita indiferente a tanta fantasía.


Son para ella viejos, suelos multicolores

y techos decorados, por lo que incluso algunos

en aras al progreso y a la modernidad,

han bajado los otros o cubierto los unos.


Futuros arqueólogos

se lo agradecerán

cuando tales tesoros

a la luz sacarán.


Pedro Casas Serra (07-08-1992)

martes, 1 de septiembre de 2015

Esta mañana, te he visto, amor

ESTA MAÑANA, TE HE VISTO, AMOR


Esta mañana, te he visto, amor,

en Plaza Cataluña llevando a un niño de la mano

- era tu paso y era tu ternura.

Y después en las Ramblas, te he vuelto a ver, amor,

sentado en la terraza de un bar,

mirando a la gente con tu expresión reconcentrada y ausente.

Y he vuelto a verte en un banco del puerto,

en abandono, con los ojos cerrados calentándote al sol.

Y aún te he visto otra vez en el autobús que pasaba:

era tu nariz, amor, era tu frente.


Pedro Casas Serra (26-01-1993,03)

lunes, 31 de agosto de 2015

La campana de Santa María

LA CAMPANA DE SANTA MARÍA


Suena la campana de Santa María

y suena cascada. Por el monumento

a los que cayeron en mil setecientos

se pasea un gato. Sentado en un banco

bajo dos moreras, el juego contemplo

de luces y sombras que el sol va formando

sobre sus cimientos. Pasan transeúntes,

más no pasa el tiempo, si no fuera porque

y siempre cascada, suena la campana…


Pedro Casas Serra (08-10-1992,01)