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viernes, 16 de agosto de 2013

Carta a mi hija Escarlata

CARTA A MI HIJA ESCARLATA


Quererte a ti no es nada fácil, ¿sabes?

Hay que elegir la forma de ayudarte

y de lejos, resulta muy difícil.


Me alegra tu alegría, verte llena

de intereses, de amigos, de ilusiones,

que te sientas a gusto en tu colegio.


Tú diviértete mucho que hace falta

que ahora de pequeña seas muy niña,

para que de mayor seas muy mujer.


Aprende con pasión todas las cosas,

pues saberlas te hará hacerlas bien

y hacerlas bien te hará sentir contenta.


Piensa bien de la gente en un principio,

pues no conocerás gente estupenda

si no empiezas pensando bien de ella.


En el mundo hay de todo: feos y guapos,

ricos y pobres, vagos y currantes,

listos y tontos, tramposos y honrados.


Por eso tú fíjate bien en todos,

que todos tienen algo que enseñarte

si tú no dejas de fijarte bien.


Defiende a los pequeños de los grandes

procurando que a ti no te hagan daño

para así resultar más eficaz.


Di mentiras tan solo cuando puedan

evitar que alguien sufra, ten en cuenta

que no siempre callar es ser hipócrita.


Si hacen algo que te gusta dilo,

pues si te gusta tanto lo que hacen

también te gustarán quienes lo hacen.


El dinero no sirve para todo,

lo mejor de la vida no está en venta

ni las buenas personas tienen precio.


Espera cada día ilusionada

y piensa que si algo sale mal,

con el tiempo se solucionará.


Piensa al sentir, observa lo que ves,

aspira, saborea, palpa, escucha...

Y así te sentirás mucho más viva.


Hay días que podrás pensar mejor,

hoy yo puedo pensar bastante bien,

ayer en cambio me dolía el alma.


Pedro Casas Serra (1989,02)

jueves, 15 de agosto de 2013

A la vez destructor y destruido

A LA VEZ DESTRUCTOR Y DESTRUIDO


Viví primero para encontrarte,

luego viví para quererte,

más tarde para olvidarte...

Y ahora que has muerto... ¿Para qué he de vivir?


Sin verme reflejado en otros ojos,

sin que a nadie angustie mi tardanza...

¿Quién soy? ¿Adónde voy?

Sin compartirlo... ¡Qué poco vale todo!


Sin besos ni caricias mi cuerpo me es ajeno.

Eran tus besos los que me daban cuerpo

y tus ojos la forma,

tus palabras me vestían,

tu alegría bombeaba mi sangre.


Es el amor quien crea, quien hace a una mujer

diosa de un hombre y a un hombre un héroe,

hablar al elocuente y callar al prudente.


Ahora, sin cuerpo ni alma, confundido,

a la vez destructor y destruido,

añorando un pasado irrecuperable,

buscando algo que no sé definir,

a mitad de camino entre dos nadas...

¿Puede darme alguien lo que yo deseo?

¿Es posible el amor de nuevo?


¿O debo conformarme con ir tirando

y ya que no feliz, mostrarme digno,

no quejarme, no infundir compasión,

no abandonarme...

serenamente pasar lo que me quede

y pensar en los otros que comienzan?


Pesa mucho el pasado

cuando no se vislumbra un camino

y el impulso inicial se va perdiendo.


Pedro Casas Serra (1989,01)