martes, 31 de enero de 2017

Nana del consuelo del mar

Soy aire soy viento soy mar soy agua.
Soy aire soy viento soy mar soy agua.
Soy aire soy viento soy mar soy agua.
Soy aire
...............soy viento
..................................soy mar
..................................................soy agua.

Pedro Casas Serra

domingo, 29 de enero de 2017

Ese algo...

A Montse Torrejón

Ese algo
tan tenue,
tan leve,
apenas perceptible,
que te asalta,
te envuelve,
te domina
inesperadamente,
inexplicablemente,
sin razón aparente,
al ver algo,
oler algo,
palpar algo;
que salta
cual resorte
desde lo más profundo de ti misma,
y nada más brotar,
te colma,
te desborda,
incontenible,
irresistible,
irrefrenable,
sin poderlo evitar;
llevándote a ver más,
oír más,
oler más,
palpar más...
es la emoción.
(Deseo que te dure.)

Pedro Casas Serra

Decálogo para bipolares ensimismados

I...........No seas tan quisquilloso, sufres inútilmente.
II..........No seas tan crédulo, los Reyes Magos no existen.
III.........No seas tan perfeccionista, la arruga es bella.
IV.........No seas tan rutinario, hay océanos por descubrir.
V..........No seas tan dependiente, el amor no admite cadenas.
VI.........No seas tan soberbio, rectificar es de sabios.
VII.......No seas tan cobarde, conocer(te) es amar(te).
VIII......No seas tan pesimista, no lo mereces.
IX.........No seas tan optimista, no lo necesitas.
X..........No seas tan convencional, solo se vive una vez.

Estos diez mandamientos se resumen en uno: la vida es una fiesta, disfrútala.

Pedro Casas Serra

sábado, 28 de enero de 2017

Te quiero

Cuando me miras,
cuando dices ¡hola!,
cuando hablas conmigo,
cuando me rozas,
cuando te toco,
cuando nos abrazamos,
cuando me besas,
cuando me arrojo encima tuyo,
cuando te aprieto,
cuando gritas excitado,
cuando gimes de placer,
cuando me secas,
cuando dices que me quieres,
cuando duermes,
cuando te despiertas por la mañana,
cuando desayunamos juntos...

Pedro Casas Serra

viernes, 27 de enero de 2017

Metamorfosis

A su edad, ve como surge dentro de él una jovencita veinteañera, anhelante de un príncipe azul que la rescate de la monotonía y, a la grupa de su caballo blanco, la conduzca a un mundo de ensueño.

Y le preocupa que movido por tan poderoso impulso, le dé por travestirse, hormonarse, cambiar de sexo y convertirse, dadas sus circunstancias, en una deliciosa aunque alocada mujer madura.

Pedro Casas Serra

jueves, 26 de enero de 2017

Ayer fui al entierro de la hermana de Jesús

A Jesús Prada Vázquez

Desnudo, con los ojos cerrados,
tumbado en la toalla sobre la arena caliente,
el sol me abrasa
y la brisa me refresca intermitente.

(Ayer fui al entierro de la hermana de Jesús.)

Miro el mar, e imaginariamente,
me sumerjo en sus agua.

Pedro Casas Serra

miércoles, 25 de enero de 2017

Lamento a un amigo sobre una pérdida

He perdido el viento.

Ya sé que los vientos no se pierden,
que aparecen o desaparecen,
arrecian o amainan,
pero yo lo digo como lo siento:
he perdido el viento.

Conocí al viento casualmente
y paulatinamente
me fui habituando a él;
me agradaba su forma
de envolverme,
su ligereza, su frescura,
aunque aparentemente anárquico
era regular en sus presencias,
así
que empecé a esperar su llegada
y a lamentar su partida.

Hace algún tiempo
el viento empezó a fallar,
no venía con la misma
regularidad de antes,
lo que presagiaba
un cambio de dirección
que finalmente se produjo.
Y dejó de soplar.

Por eso,
no te puede extrañar
que necesite desahogarme:
me falta el aire.

Ya sé que el viento es libre
como todo lo que vale la pena
en la naturaleza,
y que precisamente
por eso, es valioso,
pero yo también soy libre
de desahogar mis sentimientos,
que,
aunque probablemente
tienen más que ver
con mi propia forma de ser
que con la falta del viento,
aún así,
no me hacen dejar
de echarlo de menos.

Pedro Casas Serra

martes, 24 de enero de 2017

La cisterna

Eudaldo: Cual Prometeo
robaste el fuego a los dioses,
y al igual que a Prometeo,
los dioses te castigaron.

Hoy me entristece tu muerte
y rebela la injusticia
de que fueras sancionado
por algo de amor robado.

“Felicidad: don de Dios”.
Nadie más podía decirnos
cómo, cuándo, ni con quién
debíamos acostarnos.

Amigo, ¿cómo pudiste
cambiar las tetas por pene,
la vagina por un ano,
piel fina por piel peluda?

Hacer posible el amor
como somos y sentimos,
sin límites ni barreras,
nos dejaste por botín.

Pedro Casas Serra

domingo, 22 de enero de 2017

La amistad

La amistad nos une a otra persona por afinidad, simpatía o correspondencia. La amistad es desinteresada y su satisfacción se halla en la propia amistad. Pueden existir diferentes grados de amistad según las necesidades de uno y la sensibilidad del otro. La amistad puede aumentar o disminuir con el tiempo. Por amistad se puede hacer cualquier cosa. La amistad no distingue de sexos, edades o clases sociales. La práctica del sexo no está reñida con la amistad. Igual como comparten una comida, discuten sobre algo o se dejan sus cosas, los amigos pueden dejarse sus cuerpos con la confianza de que serán bien tratados. Al amigo se le desea lo mejor: su felicidad, su éxito... se le estimula y apoya. Sin que se produzca confusión entre el amigo y uno: ni todo lo que es bueno para uno lo es para el amigo, ni viceversa. No se dirige la vida del amigo, no se tiene ningún derecho. Los deberes que se tienen con el amigo son los de la amistad: sinceridad, confianza, honestidad. Con el amigo no se produce una identificación como pasa entre enamorados. El enamoramiento te saca de ti, te cambia; la amistad no. El enamoramiento es posesivo, la amistad no. Al enamorado lo tienes siempre presente, piensas siempre en plural; al amigo no. Enamorarse es un deseo, tener amigos una necesidad. Sin estar enamorado se puede vivir, sin amigos no. La amistad puede durar siempre, el enamoramiento no. El amor entre amigos es parecido y a menudo mayor que el amor entre hermanos.

Pedro Casas Serra

“LA POESIA” de Narcís Comadira (Lent, 2012)

LA POESIA

Per què aquesta pulsió extranya d'anar posant paraules de costat, de triar-les, d'ordenar-les? Què busca? Ho troba mai? Per què aquest afany d'aconseguir la perfecta màquina verbal, la que funciona sense grinyolar, amb exactitud, i alhora la que provoca desgavells interns als sentits i als cervells? Per què? Només pel plaer? Només per l'oblit? Només pel coneixement, pel creixement de l'ànima?

La poesia, la més sagrada de les arts.

La música té per matèria el so. La pintura, el color. L'escultura, el volum. L'arquitectura, l'espai. La matèria de la poesia és el llenguatge, allò que ens constitueix, que ens relaciona amb el Verb originari. La poesia busca aquest Verb originari i quan, per un misteri de precisió, d'ajustament, de sobreeixement de l'energia implícita en la llengua, es manifesta d'alguna manera la presència real d'aquest Verb originari, es produeix el miracle.

Misteri de la plenitud del sentit, misteri de l'explosió del sentit. Misteri de l'altra cara del mirall del llenguatge: la poesia.

Narcís Comadira (Lent, 2012)


LA POESÍA

¿Por qué esta pulsión extraña de ir juntando palabras, elegirlas, ordenarlas? ¿Qué pretende? ¿Lo logra alguna vez? ¿Por qué ese afán de conseguir la máquina verbal perfecta, la que funciona sin chirriar, con exactitud, y a la vez provoca confusiones internas de los sentidos y los cerebros? ¿Por qué? ¿Sólo por placer? ¿Sólo por olvidar? ¿Sólo por el conocimiento, por el crecimiento del alma?

La poesía, la más sagrada de las artes.

La música tiene por objeto el sonido. La pintura, el color. La escultura, el volumen. La arquitectura, el espacio. La materia de la poesía es el lenguaje, aquello que nos constituye, que nos relaciona con el Verbo original. La poesía busca este Verbo original y cuando, por un misterio de precisión, de ajuste, de desbordamiento de la energía implícita en la lengua, se manifiesta de alguna manera la presencia real de este Verbo original, se produce el milagro.

Misterio de la plenitud del sentido, misterio de la explosión del sentido. Misterio del otro lado del espejo del lenguaje: la poesía. 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)

sábado, 21 de enero de 2017

“A LA CIUTAT PERDUDA” de Narcís Comadira (Lent, 2012)

A LA CIUTAT PERDUDA

Per en Quim Nadal

La llum era molt clara, a la ciutat perduda.
Al carrer del col.legi, ple de fang,
hi havia horts, amb algun presseguer
que es tornava a tot rosa quan floria.
La ciutat era informe, allà: els horts,
algun xalet, magatzems, un taller d'escultor,
un obrador de cubanos i neules,
un estanc, una tasca, un ferrer i un baster.

Al pati, sota el plàtans, arrenglerats en files,
érem com cols i bròquils d'aquells horts.
Al migdia, passàvem davant d'una caserna
on soldats desvagats s'estiraven al sol,
tot esperant el ranxo. El riu era fangós
i, quan plovia molt, s'enfadava.
No el podíem creuar per la passera, en barraven el pas,
a cada banda, amb cordes.

Eren temps de campanes, campanes dels rellotges,
campanes que tocaven a missa i a mort.
Les campanes eren part de l'aire.
Plovia molt sovint, l'aigua baixava pels carrers
i les escales. Tot era relliscós.

I feia molt de fred a l'hivern. Sempre
havíem de dur guants, passamuntanyes, bufandes.
De tant en tant hi havia molta boira
i des del pont de Pedra no es veia res.
Anàvem per la boira, desconcertats,
com es va dins d'un somni.

Hi havia dies clars, també, quan feia tramuntana.
El cel es tornava ben blau i les muntanyes
les podies tocar. La neu del Canigó
gairabé t'encegava. La confiança
semblava com més forta
aquells dies, però duraven poc.
I tornava la boira, la fred i la humitat.

Passaven trens expressos que anaven cap a França,
que venien de França, les màquines xiulaven,
treien fum i carregaven aigua
per una trompa grossa, i el carbó feia olor
de fàbrica i d'hivern. Quan feia molta fred,
es glaçaven les basses, i podies creuar
el riuet del jardí de la Devesa
i jugar a trencar el gel.
A vegades tenía un pam de gruix.

Als estius feia molta calor,
una calor humida i enganxosa.
Hi havia una piscina municipal
i una pista d'hoquei per patinar-hi al vespre.
I les ombres espesses dels plàtans centenaris.
El Ter baixava lent, plàcids miralls
d'aigua rosada reflectien
els núvols de la posta enmig dels rierencs.

Hi havia festes, fires de bestiar,
soldats que desfilaven, processons,
rosaris de l'aurora, vetlles nocturnes.
I passava Nadal, amb fira d'aviram,
Missa del Gall, pessebres;
Setmana Santa, amb pifres i tambors.
I Corpus amb ginesta i clavells esclafats
pel pas lent dels soldats.

La gent es resignava a l'atzar de la vida,
mirava de trencar l'ensopiment
amb alguna passió més o menys amagada. Es distreia
amb el futbol, el ball, els toros i les botxes,
pujant als Àngels, anant a berenar
a la font dels Lleons o anant d'excursió
a Rocacorba, al Far o a la Salut,
o bé a caçar bolets, quan n'era temps,
i poca cosa més. Diumenges curts.
Els dilluns arribaven impertèrrits.

Hi havia un bisbe, canonges, capellans,
un hospici, un hospital, molts convents,
un general, casernes, governador civil,
policies, un inspector del Timbre,
un delegat d'Hisenda, un parell de notaris,
advocats, jutges, mitja dotzena llarga
de farmàcies, pocs metges, un equip de futbol
i la guàrdia civil.
Tothom es coneixia, sabia qui era qui,
sabia les històries amagades,
romàntiques o tèrboles.

Els nens creixien moderadament,
alguns en feien prou, per sentir-se més homes,
amb un bisonte fumat d'amagatotis,
i, per no estar tan sols,
amb alguna amistat particular intensa,
un punt sentimental. La carn
-passos precaris i dolors precoços-
estava condormida. La mar de nenes, lluny.

Hi havia quatre o cinc cines on feien
programes dobles, pel.lícules de guerra,
de cow-boys, de romans, de policies
i alguna de més forta, gravemente
peligrosa, com Gilda o com Arroz amargo.
Si algun jove catòlic atrevit
es decidia a veure-les, ho feia d'amagat.
Després se'n confessava.

Per Fires, alguns anys, hi havia òpera
al vell Municipal. Començava a fer fred
i les senyores treien els renards i els moutons
i aplaudien Aida o Madam' Butterfly,
estarrufades a les seves llotges.
Suraven flocs intermitents de benestar.
Hi havia una insistència una mica somorta
per part de la vida. Els anys passaven lents
i així es teixien, lentes, les ombres de la Història,
a la vella ciutat meva perduda.

Narcís Comadira (Lent, 2012)


EN LA CIUTAD PERDIDA

Para Quim Nadal

En la ciudad perdida, la luz era muy clara.
En la calle del colegio, llena de barro,
había huertos, con algún melocotonero
que se volvía rosa cuando florecía.
Allá, la ciudad era informe: huertos,
algún chalé, almacenes, un taller de escultor,
un obrador de barquillos,
un estanco, una tasca, un herrero y un guarnicionero.

En el patio, bajo los plátanos, alineados en filas,
éramos como coles y brócolis de aquellos huertos.
A mediodía, pasábamos frente a un cuartel
donde ociosos soldados se tendían al sol,
en espera del rancho. El río era fangoso
y, cuando llovía mucho, se enfadaba.
No lo podíamos cruzar por la pasarela,
cortaban el paso, a cada lado, con cuerdas.

Eran tiempos de campanas, campanas de los relojes,
campanas que tocaban a misa y a muerte.
Las campanas eran parte del aire.
Llovía muy a menudo, el agua bajaba por las calles
y las escaleras. Todo estaba resbaladizo.

Y hacía mucho frío en invierno. Siempre
teníamos que llevar guantes, pasamontañas, bufandas.
De vez en cuando había mucha niebla
y desde el puente de Piedra no se veía nada.
Íbamos por la niebla, desconcertados,
como se va por un sueño.

Había también días claros, cuando soplaba la tramuntana.
El cielo se volvía muy azul y podías tocar
las montañas. Casi te cegaba
la nieve del Canigó. La confianza
parecía más fuerte
aquellos días, pero duraban poco.
Y volvía la niebla, el frío y la humedad.

Pasaban expresos que iban a Francia,
que venían de Francia, las máquinas silbaban,
echaban humo y cargaban agua
por una gruesa trompa, y el carbón olía a
fábrica y a invierno. Cuando hacía mucha frío,
se helaban las balsas, y podías cruzar
el riachuelo de los jardines de la Devesa
y jugar a romper el hielo.
A veces tenía un palmo de grueso.

Durante los veranos hacía mucho calor,
un calor húmedo y pegajoso.
Había una piscina municipal
y una pista de hockey para patinar al atardecer.
Y las sombras espesas de los plátanos centenarios.
El Ter bajaba lento, plácidos espejos
de agua rosada reflejaban
las nubes del atardecer en medio de los arroyuelos.

Había fiestas, ferias de ganado,
soldados que desfilaban, procesiones,
rosarios de la aurora, velas nocturnas.
Y llegaba la Navidad, con feria de aves,
Misa del Gallo, nacimientos;
Semana Santa, con pífanos y tambores.
Y Corpus con retama y claveles machacados
por el paso lento de los soldados.

La gente se resignaba al azar de la vida,
miraba de romper el amodorramiento
con alguna pasión más o menos oculta. Se distraía
con el fútbol, el baile, los toros y la petanca,
subiendo a los Ángeles, yendo a merendar
a la fuente de los Leones o yendo de excursión
a Rocacorba, al Far o a la Salut,
o bien a coger setas, cuando llegaba el tiempo,
y poca cosa más. Domingos cortos.
Los lunes llegaban impertérritos.

Había un obispo, canónigos, curas,
un hospicio, un hospital, muchos conventos,
un general, cuarteles, gobernador civil,
policías, un inspector del Timbre,
un delegado de Hacienda, un par de notarios,
abogados, jueces, más de media docena
de farmacias, pocos médicos, un equipo de fútbol
y la guardia civil.
Todo el mundo se conocía, sabía quién era quién,
conocía las historias ocultas,
románticas o turbias.

Los niños crecían moderadamente,
algunos tenían suficiente, para sentirse más hombres,
con un bisonte fumado a hurtadillas,
y, para no sentirse tan solos,
con alguna amistad particular intensa,
un poco sentimental. La carne
-pasos precarios y dolores precoces-
estaba adormecida. El mar de niñas, lejos.

Había cuatro o cinco cines donde ponían
programas dobles, películas de guerra,
de cowboys, de romanos, de policías
y alguna más fuerte, gravemente
peligrosa, como Gilda o como Arroz amargo.
Si algún joven católico atrevido
se decidía a verlas, lo hacía a escondidas.
Después se confesaba.

Por Ferias, algunos años, había ópera
en el viejo Municipal. Empezaba a hacer frío
y las señoras sacaban los renards y los moutons
y aplaudían Aida o Madame Butterfly,
huecas en sus palcos.
Flotaban copos intermitentes de bienestar.
Había una insistencia un poco mortecina
por parte de la vida. Los años pasaban lentos
y así se tejían, lentas, las sombras de la Historia,
en mi vieja ciudad perdida. 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)

viernes, 20 de enero de 2017

“KUROS” de Narcís Comadira (Lent, 2012)

KUROS

A J.M. Benet i Jornet

La cama esquerra
lleugerament endavant,
just per donar moviment
a tot el cos, per indicar
l'inici de la marxa cap a l'Enllà.
No gens estàtic, doncs, en el present
i, en canvi, etern en el partir.
I la llum que el modela des de fora,
la llum real, i l'altra, des de dins,
encara més real, la que surt
del cor de la pedra carnal,
la que fibra les formes
i en fa Forma.

El cap, altiu, prometedor,
de mirada penjada en el futur;
la cabellera elegantment trenada
i la cinta del front i la del coll
denoten una cura especial
en l'aparença.
Però el cos, meravellós,
totalment un,
pit i esquena capaços
d'afrontar i suportar;
el ventre, pla, com un pètal de rosa,
i el sexe, fruita
encara no madura del tot,
tendre i cruixent.

Cames miraculoses. Les cuixes,
tan sensibles, just en la corba
on comencen les natges,
compactes i tan dolces, i sobretot
on recullen els genitals.
I tot això
sostingut per uns peus
que són
pedestal mòbil de l'impuls, ales
cap un demà truncat,
en un avui perpetu,
en un avui joia perdurable.

Si hi va haver un noi
semblant a ell,
no és pas estrany
que els pares tristos que el van perdre
el posessin així, tot, un,
sobre la tomba,
admirats de la seva bellesa,
fixant per sempre la carn del seu cos
en aquest marbre rosat,
proa de llum que fendeix el mar del temps,
que ha arribat fins aquí
i ens fereix, a mort, l'ànima.

Narcís Comadira  (Lent, 2012)
 


KUROS

A J.M. Benet i Jornet

La pierna izquierda
ligeramente adelantada,
lo necesario para imprimir movimiento
a todo el cuerpo, para indicar
el inicio de la marcha hacia el Más Allá.
Nada estático, pues, en el presente
y, en cambio, eterno en el partir.
Y la luz que lo modela desde fuera,
la luz real, y la otra, desde dentro,
todavía más real, la que sale
del corazón de la piedra carnal,
la que fibra las formas
y hace la Forma.

La cabeza, altiva, prometedora,
de mirada puesta en el futuro;
la cabellera elegantemente trenzada
y la cinta de la frente y la del cuello
denotan un especial cuidado
en el aspecto.
Pero el cuerpo, maravilloso,
totalmente completo,
pecho y espalda capaces
de afrontar y soportar;
el vientre, plano, como un pétalo de rosa,
y el sexo, fruta
todavía no madura del todo,
tierna y crujiente.

Las piernas un milagro. Los muslos,
tan sensibles, justo en la curva
donde empiezan las nalgas,
compactas y tan dulces, y sobre todo
donde se recogen los genitales.
Y todo esto
sostenido por unos pies
que son
pedestal móvil del impulso, alas
hacia un mañana truncado,
en un hoy perpetuo,
en un hoy joya perdurable.

Si hubo un joven
parecido a él,
no es de extrañar
que los padres entristecidos que lo perdieron
lo colocasen así, completo, entero,
sobre la tumba,
admirados de su belleza,
fijando para siempre la carne de su cuerpo
en este mármol rosado,
proa de luz que hiende el mar del tiempo,
que ha llegado hasta aquí
y nos hiere, a muerte, el alma. 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)

jueves, 19 de enero de 2017

“LLIBRES” de Narcís Comadira (Lent, 2012)

LLIBRES

Per en Guillem Terribes

Llibres, dipòsits de paraules,
llengua apagada, pols de lletra morta.
Cròniques, calfreds,
projectes i memòria.
Tombes silents que esperen
els ulls que, bondadosos
o bé plens de malícia o amb simple indiferència,
facin alçar el cadàver
que porten dins -Llàtzer, surt fora!-.
I llavors, quanta vida i quanta passió,
quanta alegria, quant dolor,
quanta revolta, quanta insistència absurda.
I, a vegades, quant d'avorriment.
Però quanta companyia.
Llibres, Llibres, més llibres!

Narcís Comadira (Lent, 2012)


LIBROS

Para Guillem Terribes

Libros, depósitos de palabras,
lengua apagada, polvo de letra muerta.
Crónicas, escalofríos,
proyectos y memoria.
Tumbas silentes que esperan
los ojos que, bondadosos
o bien llenos de malicia o con simple indiferencia,
hagan levantar el cadáver
que tienen dentro -¡Lázaro, sal fuera!-.
Entonces, cuánta vida y cuánta pasión,
cuánta alegría, cuánto dolor,
cuánta rebelión, cuánta insistencia absurda.
Y, a veces, cuánto aburrimiento.
Pero cuánta compañía.
¡Libros, Libros, más libros! 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)

miércoles, 18 de enero de 2017

“LLAST” de Narcís Comadira (Llast, 2007)

LLAST

Jo sóc un que va néixer
l'hivern de 1942,
al cor d'una ciutat plena de voltes.
De la pluja i els sol eren refugi
i de la nostra timidesa adolescent.
Hi havia un riu fangós
ple de carpes negrenques
i un ritme de campanes
inexorable i lent.
Relliscava la pluja de tardor
pels empedrats de còdols
dels carrerons malalts
i es glaçaven les basses a l'hivern
perquè els hiverns hi eren freds. I eren foscos.
Érem un ramadet de nens enfredorits
prop d'estufes fumoses de serradures agres.
Tremolàvem de por darrere vidres bruts
mentre ens exercitaven en una llengua estranya.

Les postes eren lentes,
les primaveres breus,
i, els estius, oblidàvem. Eren com un sotrac.
Sal i pell i suor, hores immenses,
i l'horitzó del mar, lluny, com un somni.
I la vida que feia els seus llambreigs
per anar-nos mostrant a poc a poc
el tou dels seus misteris.
I ens creixien els ossos i la carn,
i ens creixia el desig, dolç com el llessamí,
aspre com els geranis, letal com els baladres.
I cremava tot jo en les seves flames.
Els vespres eren clars i les nits denses,
pel pes del sol i pel remordiment,
càrrega estranya
que començàvem a carretejar,
alguns per sempre.
Anys enyorats, deliris blaus!

I tornava la roda feixuga dels octubres.
Aviat vam descobrir
els primers desenganys, les suspicàcies,
les estratègies i la doble moral
i els exercicis de dubte sistemàtic.
I va arribar l'edat de fer projectes.
Ajaguts en un prat, mirar el futur
sense enfocar-lo gaire era un esport
a què ens lliuràvem, indolents, callats.
Les herbes eren altes.

Ara tinc por quan trobo algun cadell
d'aquells anys. I és que no sé què dir-li.

-Què, com va, i el desig?

Les runes ens encerclen i aquella prada oberta
és plena de deixalles repugnants.

-Què, quan va començar?

(Aquella tarda amarga que encara et mortifica?
Aquell vespre que tu ja no recordes?
Aquella nit de foc i d'inconsciència?)

Les formigues seguien el seu camí menut
i un ritme elèctric d'èlitres fibrava
aquell silenci nostre. Una estesa de flors,
gencianes blavíssimes, regalèssia rosada,
ran d'ulls i, al fons del prat,
els nerets de coral.
I una nosa ens creixia dins del pit,
al fons de tot de la sang més espessa,
un tràgic cefalòpode: ansietat, angoixa,
un embaràs de culpa.

-No hi clapotegismés als bassals de la culpa,
llença't a un mar d'oblit que et torni el goig
inaugural de sentir-te salvat.

-Salvem-nos tu i jo junts aquesta nit,
ara que, a fora, el món sencer sotsobra.

-Mirem-nos sense enganys aquesta nit.

Les herbes eren dolces.

-Canto el teu cos de goma, la teva pell canyella,
aquelles dents tan blanques.
Canto el teu entusiasme.
Canto el que no va ser.

Les herbes eren grasses.

Va ser una primavera voltada de pollancs,
i, amb urc, ens oferiem. Vam ser presos
i esclafats a les moles de l'Història.
I tot amb un somriure, flautes dolces
de fusta de perer, música exacta
per adormir aquell pop
de l'ansietat, l'angoixa, el descontentament,
que ens creixia i creixia.

-Canto aquella passió sense resurrecció.

-Canto aquell desconcert d'àngels extraviats
en aquell món ressec d'herbes amargues.

-Canto aquell esvoranc i ploro pel cinisme
i per l'oblit metòdic, que es va fer indispensable
per la supervivència.

Després, ja tot va ser convencional,
llar i patria. Mai més no va tornar
la il.lusió perduda. Ja tots sempre
fantasmes vagorosos per la vida,
emasculats de Déu, aferrats al secret.

Narcís Comadira (Llast, 2007)


LASTRE

Soy uno que nació
el invierno de 1942,
en el corazón de una ciudad llena de arcos.
Para la lluvia y el sol eran refugio
y para nuestra timidez adolescente.
Había un río fangoso
lleno de carpas negruzcas
y un ritmo de campanas
inexorable y lento.
Resbalaba la lluvia de otoño
por empedrados de guijarros
de enfermos callejones
y las balsas se helaban en invierno
porque los inviernos eran fríos. Y eran oscuros.
Éramos un corrillo de niños ateridos
junto a estufas humosas de serrines agrios.
Temblábamos de miedo tras sucios cristales
mientras nos ejercitaban en una lengua extraña.

Los crepúsculos eran lentos,
las primaveras breves,
y, los veranos, olvidábamos. Eran como una sacudida.
Sal y piel y sudor, horas inmensas,
y lejos, el horizonte del mar, como un sueño.
Y la vida que producía sus destellos
para irnos enseñando despacio
la blandura de sus misterios.
Y nos crecían los huesos y la carne,
y nos crecía el deseo, dulce como el jazmín,
áspero como los geranios, letal como las adelfas.
Y todo yo ardía en sus llamas.
Los anocheceres eran claros y las noches densas,
por el peso del sol y por el remordimiento,
extraña carga
que empezábamos a arrastrar,
algunos para siempre.
¡Años añorados, delirios azules!

Y volvía la rueda pesada de los octubres.
Pronto descubrimos
los primeros desengaños, las suspicacias,
las estrategias y la doble moral
y los ejercicios de duda sistemática.
Y llegó la edad de hacer proyectos.
Echados en un prado, mirar el futuro
sin enfocarlo mucho era un deporte
al que nos entregábamos, indolentes, callados.
Las hierbas eran altas.

Ahora tengo miedo cuando encuentro algún cachorro
de aquellos años. Porque no sé qué decirle.

-¿Qué, cómo va, y el deseo?

Nos rodean los escombros y aquel abierto prado
está lleno de repugnantes desechos.

-¿Qué, cuándo empezó?

(¿Aquella amarga tarde que todavía te mortifica?
¿Aquel anochecer que ya no recuerdas?
¿Aquella noche de fuego y de inconsciencia?)

Las hormigas seguían su caminito
y un ritmo eléctrico de élitros acompañaba
nuestro silencio. Una extensión de flores,
azulísimas gencianas, rosado regaliz,
a ras de ojos y, en el fondo del prado,
los rododendros de coral.
Y nos crecía un malestar dentro del pecho,
en el fondo de la sangre más espesa,
un trágico cefalópodo: ansiedad, angustia,
un embarazo de culpa.

-No chapotees más en las charcas de la culpa,
lánzate a un mar de olvido que te devuelva el gozo
inaugural de sentirte salvado.

-Salvémonos juntos tú y yo esta noche,
ahora que, afuera, zozobra el mundo entero.

-Esta noche mirémonos sin engaño.

Las hierbas eran dulces.

-Canto tu cuerpo de goma, tu piel canela,
aquellos dientes tan blancos.
Canto tu entusiasmo.
Canto lo que no fue.

Las hierbas eran gruesas.

Fue una primavera cercada de chopos,
y, con orgullo, nos ofrecíamos. Fuimos pillados
y triturados por las ruedas de la Historia.
Y todo con una sonrisa, dulces flautas
de madera de peral, música exacta
para dormir aquel pulpo
de la ansiedad, la angustia, el descontento,
que nos crecía y crecía.

-Canto aquella pasión sin resurrección.

-Canto aquel desconcierto de ángeles extraviados
en aquel mundo reseco de hierbas amargas.

-Canto aquella brecha y lloro por el cinismo
y por el olvido metódico, que se hizo imprescindible
para la supervivencia.

Después, todo fue ya convencional,
hogar y patria. No volvió nunca
la ilusión perdida. Para siempre todos ya
vagos fantasmas por la vida,
emasculados de Dios, aferrados al secreto. 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)

martes, 17 de enero de 2017

“CONFESSIÓ” de Narcís Comadira (L'art de la fuga, 2002)

CONFESSIÓ

Jo, escriptor,
em confesso al Verb totpoderós
i a vosaltres, fantasmes
de Llull i de March, de Verdaguer i Carner,
de Segarra i de Pla, de Foix i Ferrater,
d'haver pecat greument
de pensament, paraula
i obra i omissió.
D'haver pecat usant lèxic impropi,
d'haver emprat
massa verbs barroers,
substantius esbravats de la substància,
adjectius virolats només pel goig
de l'espectacle
d'un foc viu d'encenalls,
d'haver-me repenjat massa en superlatius
i adverbis anodins. De fer servir sovint
preposicions canviades,
conjuncions desenfocades,
és a dir,
d'haver deixat vagarejar l'instint
per inexactes, ambigües regions sense forma.
D'haver venut la sagrada moral de la sintaxi
per un plat de llenties d'efecte i de modernitat.
D'haver sovintejat el “ja està bé”,
el “ja s'entén”, el “tant se val, no importa”...
Em confesso
de no haver corregit tant com calia,
de no haver escorcollat molts més diccionaris.
D'haver cedit al llenguatge balder,
al discurs sinuós,
només pel gust de les subordinades,
a les metàfores solament sorprenents,
a les imatges
dures sense motiu,
a l'orgull de l'obscur.

Tu, Verb totpoderós, tu, sola claredat,
tu que m'has fet llenguatge segons la teva imatge,
acull-me un dia al paradís dels escriptors,
on sobren les paraules,
on la felicitat
és la precisió del teu silenci.

Narcís Comadira (L'art de la fuga, 2002)


CONFESIÓN

Yo, escritor,
me confieso al Verbo todopoderoso
y a vosotros, espíritus
de Llull y de March, de Verdaguer y Carner,
de Segarra y de Pla, de Foix y Ferrater,
por haber pecado gravemente
de pensamiento, palabra,
obra y omisión.
Por haber pecado usando un léxico impropio,
por haber empleado
verbos demasiado chapuceros,
sustantivos desbravados de sustancia,
adjetivos chillones sólo por el placer
del espectáculo
de un fuego vivo de virutas,
por haberme apoyado demasiado en superlativos
y adverbios anodinos. Por usar a menudo
preposiciones canviadas,
conjunciones desenfocadas,
es decir,
por haber dejado vagar el instinto
por inexactas, ambiguas regiones sin forma.
Por haber vendido la sagrada moral de la sintaxis
por un plato de lentejas de efectismo y de modernidad.
Por haber utilizado a menudo el “ya está bien”,
el “ya se entiende”, el “ya vale, no importa”...
Me confieso
por no haber corregido tanto como hacía falta,
por no haber escrutado muchos más diccionarios.
Por haber cedido al lenguaje ampuloso,
al discurso sinuoso,
sólo por el gusto de las subordinadas,
a las metáforas sólo sorprendentes,
a las imágenes
duras sin motivo,
al orgullo de lo oscuro.

Tú, Verbo todopoderoso, tú, sola claridad,
tú que me has hecho lenguaje a tu imagen,
acógeme un día en el paraíso de los escritores,
donde sobran las palabras,
donde la felicidad
es la precisión de tu silencio. 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)

domingo, 15 de enero de 2017

“SPEAK, MEMORY” de Narcís Comadira (L'art de la fuga, 2002)

SPEAK, MEMORY

Parla, memòria,
però no ho diguis tot.
Calle les coses
més tèrboles, més tristes,
les que ens revelen
tal com som de debò.
Mantén l'engany,
sigues bona minyona,
desa el farcell
dels records tenebrosos
molt temps encara
al calaix de l'oblit.
Fins que acceptem
el cruent sacrifici
de veure'ns nus
del tot i espellifats,
la carn oferta
i l'esquelet de l'ànima.
Llavors aboca,
crema, devora, arrasa,
mostra el terror
que has celat tant fidel.
Digues-ho tot.
Llavors parla, memòria.

Narcís Comadira (L'art de la fuga, 2002)
 


SPEAK, MEMORY

Habla, memoria,
pero no lo digas todo.
Calla las cosas
más turbias, más tristes,
las que revelan
como somos de verdad.
Mantén el engaño,
sé buena chica,
guarda el fardo
de los recuerdos tenebrosos
mucho tiempo aún
en el cajón del olvido.
Hasta que aceptemos
el sacrificio cruento
de vernos totalmente
desnudos y andrajosos,
ofrecida la carne
y el esqueleto del alma.
Entonces vierte,
quema, devora, arrasa,
muestra el terror
que tan fiel has guardado.
Dilo todo.
Entonces, memoria, habla. 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)

“ESBÓS D'UN POEMA PER A JORDI IBÁÑEZ” de Narcís Comadira (L'art de la fuga, 2002)

ESBÓS D'UN POEMA PER A JORDI IBÁÑEZ

La tensió biològica acaba en l'art. Però l'art no
disposa de forces d'inserció històriques; elimina
el temps i la història, el seu impacte arriba fins als
gens, la massa hereditària: un llarg camí interior.
GOTTFRIED BENN

Un re i un la, un fa,
altra vegada un re,
ara un do sostingut i un re i un mi
que llisquen i que van a parar a un fa,
lligat a un altre fa
que s'enfila una mica fins al sol,
com de passada, però que cau
altra vegada al fa
i baixa al mi i al re...

Així comença, Jordi Ibáñez, L'art de la fuga
que aquests dies escolto incansable
mentre llegeixo el teu llibre,
mentre, a fora,
el temps primaveral s'enterboleix
(seria millor dir que se m'enterboleix,
perquè veig joves preciosos,
nous d'energia, de pells de pètal
i ulls que miren
el món i el veuen clar,
o m'ho imagino, perdut més que ocupat
en aquests fatigants exercicis
de l'art de fer-se vell, una altra fuga,
obligada, d'aquell penjoll sucós,
de dolcesa perenne, somiada,
d'aquests raïms inabastables
que ens fan velles guineus confegint
amb esforç -confugint- un tristíssim “són verds”).

L'art de la fuga, lligat, doncs, al teu llibre,
sobretot als teus nou homenatges,
i no perquè -i perdona-
hi tinguin res a veure formalment.
Tu saps que, imperfectes, però tan emotius,
els teus poemes són lluny dels cristalls terminals
del papà Bach. Pro hi ha una cosa
que me'ls hi acosta, el batec seriós
i un problema latent:
les ombres d'una fuga, per a algunes metafòrica,
que el país ens imposa un dia o un altre.

L'obra de Bach, feta per a l'estudi
i no precisament per ser tocada,
aquest tractat de contrapunt
en què totes les veus
canten continuament, infatigables,
teixint aquest tapís, espès com una dèria,
mai no va ser acabada... És un bon símbol
per a les nostres fugues temporals desitjades,
per a la nostra dèria, aquesta dèria
que tenim de fugir
tots plegats del país de les nostres desgràcies,
tots plegats denosaltres mateixos,
assetjats
pel desconcert, la incúria, el desconsol, el fàstic.
Tots plegats, els que som una mica amatents
a estimar aquesta llengua-pàtria,
mare i madastre, màquina de tortura
per als que la sentim
dins de les venes del nostre pensament
cada cop amb menys força; tots plegats,
tots aquells que hem sofert
el sofriment dels que ens han precedit,
el dolor
dels que l'han masegada amb amor
perquè se'ls obrís tota i els acollís sencers
també en la seva fuga d'ells mateixos,
buscant la llibertat lluny del país real,
pro sempre llengua endins -com Bach-,
forçant-la delerosos, malcarats a vegades,
a vegades culpables..., que han sofert
per tantes culpes seves disculpables,
que en la fuga del món petitburgès
que esclavitza i menysprea tota literatura,
i més la catalana, hi ha danys col.laterals
(¿un altre cop prenyada, senyora?). Sí, fugir...

Penso en el pobre Leopardi, cremat
d'ànsia de veure món, rosegat
per unes dents implacables: el tedi
i un desfici suprem, consumint-se
en aquell casalot corsecat de misèria,
amb els ulls fatigats i el cor insatisfet
i un cos deforme. Sí, volia fugir.
Encara no sabia que d'un mateix no es fuig,
que podem enganyar-nos, certament,
i teixir extratagemes, demanar passaports
d'amagat i fins escriure cartes
d'acomiadament, dures, terribles,
acusant el Monarca de les Indies,
el pare que creiem que és culpable de tot...
Feia vint-i-un anys li arribava el torn
de ser el seu propi amo, o ell s'ho creia.
Però el van descobrir i la fuga avortada
va ser-li un altre pes. I va tornar als seus llibres,
a la pols dels papers, al cada dia absurd.
A mirar les estrelles
belles i pàl.lides de l'Ossa
guspirejant sobre el jardí patern,
sobre la bassa on volia negar-hi
tot el dolor d'una carn lacerada,
l'energia sotmesa i la ràbia: una altra fuga
avortada també...

L'art de la fuga
sembla demanar cartes, documents,
una escriptura críptica.
Penso en Tolstoi, també, en aquell vell murri
que duia dos diaris -o tres-. Un
d'oficial, diguem-ne, que deixava a la vista
com descuidadament, perquè el llegís la dona.
Un altre de secret, cruel, en contra d'ella.
I encara tot de notes sobre papers dispersos,
una vella mania de grafòman.
Ell sí que va fugir, com és sabut.
I va pujar als trens russos -tan carregats d'històries-.
Penso en boires i en fred i en fustes cruixidores
i olor de carbonissa i tuf d'humanitat
transhuman.
Penso en esteses blanques, en bosquets de bedolls
i en corbs esvalotats damunt les branques nues,
en cels
cansats de sostenir-se.
¿Què buscava? ¿On anava? ¿Fugir, només fugir?
De Iàsnaia Poliana fins Astàpovo
era un trajecte curt. L'octubre s'acabava
i ja havia nevat. Diuen que, al tren,
va viatjar un parell d'hores
sol a la plataforma de darrere:
sentir el vent glacial assotant-li la cara,
potser era això només el que Tolstoi volia,
una sensació viril de joventut,
sentir-se galopant un altre cop
pels camps immensos, lluny de la vida de vell,
lluny de l'ofensa de la carn marcida,
de la mort imminent.
A l'estació d'Astàpovo
es va acabar la fuga, la real,
i en va començar una altra, més real:
set dies d'agonia
en una vella estació provinciana,
llums pàl.lides, grogoses, i enrenou a les vies,
trens sibilants, grinyols, canvis d'agulla.
Va morir-hi.

La de Gabriel Ferrater també va ser una fuga.
Era l'abril perfumat de promeses,
el mes cruel tan tòpic dels lilàs,
del desig, de la memòria. Ho havia dit.
La va anar teixint lenta amb els poemes
i amb massa acuïtat de visió del món.
Nadó gros,
es confià al bressol dels retorns impossibles.
Si ho haguessim sabut, li va escriure el poeta.
Non-non, non-non...
-Aquesta nena
no sap que ja sóc mort-.

També fugí Vinyoli,
enlluernat per aquell tors de marbre
que brillava al poema de Rilke i al museu
del Louvre i que el feia sentir
un home absurd. Has de fer una altra vida,
es repetia. Fugia per escales
estretes, quotidianes, de llums opalescents,
que el duien cada dia més amunt als poemes,
més avalla a la vida, és a dir, al seu dolor
de fugitiu estàtic.

Cal acceptar el destí, cal esmolar el llenguatge
i morir-se bastint el cristall pur
de la fuga que ens toca, cap a dins de nosaltres,
una fuga
en què les veus cantin contínuament,
i no per cap encàrrec, sinó només per l'urc
que no se'n perdi l'art.
Sí,
és quan fujo que hi veig clar.
Llavors, aquells ullets peluts
que, en el desvarieig de la febrada,
et feien veure com un monstre
la bèstia entranyable
-i generosa potser sense voler-ho,
i tan culpable-,
ve que se't queden nets de noses,
de pèls i carbonissa. Perquè veus que ell fugia.
I així, a nosaltres, quan fugim se'ns queden
nets i enfocats, que en la precarietat
d'una condemna comuna
comprenem.
Se'ns queden
lliures
de la madeixa espessa del nostre esbarzerar
que crema i crema i crema.

Bé, tot aixó,
només ha estat per dir-te
que he llegit el teu llibre, seriosament, en calma,
deu, dotze, vint vegades. Cadascuna
m'ha semblat molt millor. Ja ho sé, que no calia
que t'ho digués així. Bastava una telefonada...
Però, ara, en aquest final d'aquest esbós,
no és pas només per tu que ho dic, sinó pel teu país,
que és mesquí i és imbècil i que no sap llegir,
que no sap adonar-se
d'on hi ha la veritable poesia,
la que salva
de l'horror,
perquè el sap veure dins la pròpia sang.
Ho dic pels que han lliscat sobre els teus versos
-bé, versos és un dir, ja ho saps,
pro aquí vull declarar, jo, el formalista,
que m'en foto, dels versos, quan no saben dir res
i que, en canvi, em rendeixo
amb arnes i bagatges, com es diu,
devant la poesia de debò,
com és, Jordi, la teva-;
ho dic
pels que t'han ressenyat tímidament
en comptes
de disparar totes les canonades,
de repicar campanes a tots els campanars.
I pels que t'han negat en jurats tèrbols,
dient: “això no és poesia”.
Doncs sí que ho és -ho sento-, i la més dura,
la que ha de durar més
perquè brolla
de la sòlida veu d'un sentiment d'amor,
perquè ha estat confegida amb sofriment,
perquè és servida per la intel.ligència.
Perquè no pacta amb la badoqueria
tan general d'aquesta terra,
perquè ha sabut fugir
de la blanesa estulta,
del letal conformisme
i dir la veritat. La teva.
I sense fer moixaines.

Sí, per tots ells escric,
no pas només per tu.
Però, si ho faig per tu
és per donar-te'n gràcies.

Narcía Comadira (L'art de la fuga, 2002)


ESBOZO DE POEMA PARA JORDI IBÁÑEZ

La tensión biológica acaba en el arte. Pero el arte no
dispone de fuerzas de inserción histórica; elimina
el tiempo y la historia, su impacto llega hasta los
genes, la masa hereditaria: un largo camino interior.
GOTTFRIED BENN

Un re y un la, un fa,
otra vez un re,
ahora un do sostenido y un re y un mí
que descienden y van a parar a un fa,
ligado a otro fa
que sube hasta el sol un poco,
como de pasada, pero que cae
otra vez al fa
y baja al mí y al re...

Así, Jordi Ibáñez, empieza El arte de la fuga
que estos días escucho incansablemente
mientras leo tu libro,
mientras, fuera,
el tiempo primaveral se enturbia
(mejor sería decir que se me enturbia,
porque veo preciosos jóvenes,
renovados de energía, de pieles de pétalo
y ojos que miran
el mundo y lo ven diáfano,
o me lo imagino, perdido más que ocupado
en estos ejercicios fatigosos
del arte de hacerse viejo, otra fuga,
obligada, de aquel racimo jugoso,
de dulzura perenne, soñada,
de uvas inalcanzables
que nos hace zorros viejos pronunciando
con esfuerzo -confusos- un tristísimo “están verdes”).

El arte de la fuga, ligado, pues, a tu libro,
sobre todo a tus nueve homenajes,
y no porque -y perdona-
tengan formalmente nada que ver.
Tú sabes que tus poemas, imperfectos, pero tan emotivos,
quedan lejos de los cristales terminales
del papá Bach. Pero hay algo
que los acerca, el latido serio
y un problema latente:
las sombras de una fuga, metafórica para algunos
que el país nos impone un día u otro.

La obra de Bach, hecha para su estudio
y no precisamente para ser tocada,
este tratado de contrapunto
en que todas las voces
cantan continuamente, infatigables,
tejiendo ese tapiz, grueso como una obsesión,
nunca fue acabada... Es un buen símbolo
para nuestras fugas temporales deseadas,
para nuestra obsesión, esa obsesión
que tenemos de huir
todos juntos del país de nuestras desgracias,
todos juntos de nosotros mismos,
asediados
por el desconcierto, la incúria, el desconsuelo, el asco.
Todos juntos, los que estamos algo atentos
a amar esta lengua-patria,
madre y madrastra, máquina de tortura
para los que la sentimos
en las venas de nuestro pensamiento
cada vez con menos fuerza; todos juntos
los que que hemos sufrido
el sufrimiento de los que nos han precedido,
el dolor
de los que la han machacado con amor
para que se les abriera totalmente y los acogiera enteros
también en su fuga de ellos mismos,
buscando la libertad lejos del país real,
pero siempre lengua adentro -como Bach-,
forzándola ansiosos, a veces desabridos,
a veces culpables..., que han sufrido
por tantas culpas suyas disculpables,
pues en la fuga del mundo pequeño burgués
que esclaviza y desprecia toda literatura,
y más la catalana, hay daños colaterales
(¿embarazada de nuevo, señora?). Sí, huir...

Pienso en el pobre Leopardi, ardiendo
en ánsias de ver mundo, mordisqueado
por unos dientes implacables: el tedio
y la suprema desazón, consumiéndose
en aquel caserón corroido por la miseria,
con los ojos fatigados y el corazón insatisfecho
y un cuerpo deforme. Sí, quería huir.
No sabía todavía que de uno mismo no se huye,
que podemos engañarnos, ciertamente,
y tejer estratagemas, pedir pasaportes
a escondidas y hasta escribir cartas
de despedida, duras, terribles,
acusando al Rey de las Indias,
al padre que creemos culpable de todo...
Cumplía veintiún años y le llegaba la hora
de ser su propio amo, o él lo creía.
Pero lo descubrieron y la fuga abortada
no fue sino un peso más. Y volvió a sus libros,
al polvo de los papeles, al absurdo de cada día.
A mirar las estrellas
bellas y pálidas de la Osa
chispeando sobre el jardín paterno,
sobre la balsa donde quería ahogar
todo el dolor de una carne lacerada,
la energía sometida y la rabia: otra fuga
abortada también...

El arte de la fuga
parece necesitar cartas, documentos,
una escritura críptica.
Pienso también en Tolstoi, aquel viejo pícaro
que llevaba dos diarios -o tres-. Uno
oficial, digamos, que dejaba a la vista
como al descuido, para que lo leyera su mujer.
Otro secreto, cruel, en contra de ella.
E incluso muchas notas en papeles dispersos,
una vieja manía de grafómano.
Él sí que huyó, como es sabido.
Y subió a trenes rusos -tan repletos de historias-.
Pienso en niebla y en frío y en madera crujiente
y olor de carbonilla y tufo de humanidad
transhumante.
Pienso en extensiones blancas, en bosquecillos de abedules
y en alborotados cuervos sobre ramas desnudas,
en cielos
cansados de sostenerse.
¿Qué buscaba? ¿A dónde iba? ¿Huir, sólo huir?
De Yanaia Poliana a Astapovo
era un trayecto corto. Octubre se acababa
y ya había nevado. Dicen que, en el tren,
viajó un par de horas
solo en la plataforma trasera:
notar el viento glacial azotándole la cara,
quizás era sólo esto lo que quería Tolstoi,
una sensación viril de juventud,
sentirse galopando de nuevo
por los campos inmensos, lejos de la vida de viejo,
lejos de la ofensa de la carne marchita,
de la muerte inminente.
En la estación de Astapovo
se acabó la fuga, la real,
y empezó otra, más real todavía:
siete días de agonía
en una vieja estación provinciana,
luces pálidas, amarillentas, y ajetreo en las vías,
trenes silbantes, chirridos, cambios de aguja.
Allí murió.

La de Gabriel Ferrater también fue una fuga.
Fue un abril perfumado de promesas,
el mes cruel tan tópico de las lilas,
del deseo, de la memoria. Lo había dicho.
La fue tejiendo lentamente con los poemas
y con una visión demasiada aguda del mundo.
Bebé grande,
se confió al mecer de los regresos imposibles.
Si lo hubiésemos sabido, le escribió el poeta.
Non-non, non-non...
-Esa niña
no sabe que ya estoy muerto-.

También huyó Vinyoli,
deslumbrado por aquel busto de mármol
que brillaba en el poema de Rilke y en el museo
del Louvre y que le hacía sentir
un hombre absurdo. Tienes que vivir otra vida,
se repetía. Huía por escaleras
estrechas, cotidianas, de luces opalescentes,
que cada día lo llevaban más alto a los poemas,
más bajo a la vida, es decir, a su dolor
de fugitivo estático.

Hay que aceptar el destino, hay que afilar el lenguaje
y morirse construyendo el cristal puro
de la fuga que nos toca, hacia nuestro interior,
una fuga
en que las voces canten continuamente,
y no por encargo, sino sólo por el orgullo
de que no se pierda el arte.
Sí,
cuando huyo es cuando veo claro.
Entonces, aquellos ojitos peludos
que, en el desvarío de la locura,
te hacían ver como a monstruo
la bestia entrañable
-y quizás sin quererlo generosa,
y tan culpable-,
pasa que se quedan limpios de estorbos,
de pelos y carbonilla. Porque ves que él huía.
Y así, a nosotros, cuando huimos se nos quedan
limpios y enfocados, que en la precariedad
de una común condena
comprendemos.
Se nos quedan
libres
de la espesa madeja de nuestro zarzal
que arde y arde y arde.

Bien, todo esto,
sólo ha sido para decirte
que he leído tu libro, seriamente, con calma,
diez, doce, veinte veces. Cada una
me ha parecido mucho mejor. Ya sé, que no hacía falta
que te lo dijera así. Bastaba una llamada de teléfono...
Pero, ahora, al final de este esbozo,
no lo digo sólo por ti, sino por tu país,
que es mezquino e imbécil y no sabe leer,
pues no sabe reconocer
donde hay verdadera poesía,
la que salva
del horror,
porque lo reconoce dentro de la propia sangre.
Lo digo por los que han resbalado sobre tus versos
-bien, versos es un decir, ya lo sabes,
pero quiero declarar aquí, yo, el formalista,
que me cisco, de los versos, cuando no saben decir nada
y que, en cambio, me rindo
con armas y bagajes, como se dice,
ante la verdadera poesía,
como es, Jordi, la tuya-;
lo digo
por los que te han reseñado tímidamente
en lugar
de disparar todas las salvas de cañonazos,
repicar campanas en todos los campanarios.
Y por los que, en turbio jurados, te han negado,
diciendo: “esto no es poesía”.
Pues -lo siento- sí que lo es, y la más dura,
la que durará más
porque brota
de la sólida voz de un sentimiento de amor,
porque ha sido hecha con sufrimiento,
porque está servida por la inteligencia.
Porque no pacta con la bobería
de esta tierra en general,
porque ha sabido huir
de la blandura estulta,
del letal conformismo
y decir la verdad. La tuya.
Y sin hacer misines.

Sí, lo escribo por todos ellos,
no sólo por ti.
Pero, si lo hago por ti
es para darte las gracias. 

Narcís Comadira
(Versión de Pedro Casas Serra)