martes, 30 de junio de 2015

Añoranza: La primera vez

Llegamos al albergue que ella ya conocía,
de Sant Privat d'en Bas, cerca de Olot.
Yo estaba excitadísimo, pero, novato en sexo,
no sabía que hacer. Ella me fue guiando.
Así, con nuestros cuerpos, inventándonos juegos,
jugamos como niños que estrenan un juguete,
hasta que, derrengados, nos quedamos dormidos.
Luego, más tarde, creo, nos fuimos de paseo,
pero no se que hicimos porque iba como ido,
y sentía en mi oído como un campanilleo:
¡Lo hiciste!, ¡lo hiciste!... repetía.
Pedro Casas Serra

lunes, 29 de junio de 2015

Añoranza: La excursión

Salí del camping muy temprano,
mi perra por delante.
Tomé la carretera junto al río,
hacia su cabecera.
A un lado, veía el río
al fondo de un barranco,
al otro,
trigales salpicados de amapolas,
y en los arcenes,
copudos árboles
formaban casi un túnel.
Llegado al puente,
donde la carretera cruza el río
y se aleja hacia el valle vecino,
donde la zona de acampada
entonces vacía,
tomé la pista,
que, por su margen derecho,
sigue el río.
Pasé el canal de la central eléctrica,
con su gorgoteo de agua al deslizarse;
llegué a la presa rota,
la que forma un remanso de aguas frías
donde me he chapuzado algunas veces;
avisté la masía abandonada
y la pequeña ermita en la colina;
alcancé la casa de colonias,
y en la fuente de enfrente,
bebí un trago.
Dejé la pista
y cogí un sendero
al lado de otro río
-si menos caudaloso más bravío-,
y primero entre prados
-otrora cultivados
por los habitantes del molino en ruinas-,
y después,
entre matorrales y arbustos,
fui subiendo.
El tiempo iba pasando en el esfuerzo,
y el sol, siempre más alto,
golpeaba mis espaldas
ahogándome en calor.
Sudaba.
Por eso,
me quité la camisa
y la metí en la bolsa que llevaba
con un libro, la crema y la toalla.
Pronto,
los pantalones y la camiseta
hicieron compañía a la camisa.
En slip y alpargatas,
continué el camino.
Ahora, el sendero
se hundía entre los árboles,
formándose un ambiente
umbrío y húmedo
-era agradable.
Sólo se oía el agua
y el trino de algún pájaro,
y a veces,
entre los matorrales,
vislumbraba el torrente.
Estaba entre semana,
en un sendero ignoto
inaccesible para los automóviles,
por eso,
me quité el bañador y las alpargatas
y me quedé desnudo.
Y seguí caminando
desnudo.
Mis pies
me transmitían el pulso de la tierra,
mis oídos estaban
listos al menor ruido,
y mi vista escrutaba el territorio
para librarme de cualquier tropiezo,
en tanto mis pulmones
se llenaban de la humedad del bosque;
y estaba todo sensibilizado,
en tensión,
y andaba presuroso,
saltando y brincando,
casi corriendo,
sintiéndome radiante,
lleno de fuerza y vida, liberado
de ataduras y angustias,
como formando parte
de un espacio naciente
que hollara yo el primero
descendiendo
genéticamente
por el árbol de la especie...
Alcancé el viejo puente
y bajé hasta un recodo del torrente,
donde el margen de piedra,
lavado por el agua,
forma un solarium natural.
Allí pasé el día.
Retocé como un niño
deslizándome por las bruñidas losas,
sumergiéndome en hoyos
en que el frío
me cortaba el aliento,
para luego tenderme
a secar en la orilla,
los miembros extendidos como un cristo,
abrazando ora el sol,
ora la tierra;
y otra vez remojones
y otra vez secadas,
adormilándome y desperezándome,
hasta que el sol se subió a la montaña
dejando el río en sombras.
Entonces, de regreso,
bajé por el torrente
dejándome llevar
hasta la casa de colonias.
Puse allí pie en la orilla,
extraje de mi bolsa
toda mi indumentaria,
me vestí,
bebí un trago en la fuente...
y regresé hacia el camping,
mi perra por delante.
Pedro Casas Serra

domingo, 28 de junio de 2015

Añoranza: ¡Cómo corríamos!

A mi perra, Daira

- Vengo a verte en tus sueños
porque te quiero.

- ¡Qué felices fuimos, Daira,
por los bosques y ríos!
¡Cómo corríamos!

Pedro Casas Serra

sábado, 27 de junio de 2015

Añoranza: Cuando yo era pequeño

Cuando yo era pequeño
era bastante bobo.

En horas de recreo,
con mi amiguito Polo,
morábamos palacios
con puertas de zafiro,
ventanas de esmeraldas,
suelos de lapislázuli,
comíamos manjares
sobre servicios de oro,
regados con elixires
en copas de diamante,
vestíamos ropajes
bordados con las perlas
del fondo de los mares,
calzábamos chinelas
de las pieles más finas,
dormíamos en camas
de altísimos doseles,
con colchones de nubes,
bajo colchas de alas.
Éramos reyes, príncipes.
Servidores, atentos
a cualquier deseo nuestro,
tendían a nuestro paso
alfombras de damasco,
nos bañaban con agua
perfumada de rosas,
secaban nuestros cuerpos
con abrigadas mantas,
cantaban nuestros pájaros,
reían nuestros pajes,
llovían golosinas...
y para los viajes,
usábamos carrozas
revestidas de ágatas.

Cuando yo era pequeño
era bastante bobo,
ahora no soy pequeño
y sigo siendo bobo.
Pedro Casas Serra

viernes, 26 de junio de 2015

Añoranza: La memoria

Permíteme adentrarme en el recuerdo,
refugio contra la monotonía del presente,
necesito pensar que fui feliz alguna vez,
y una explosión de luz es la memoria.

Reconozco tu piel bajo los pinos
sobre la toalla roja de baño,
apenas palpo tu contorno y te hago cosquillas,
y tu sola proximidad me electrifica.

Soy náufrago flotando a la deriva
-todo quedó hecho astillas-
y si pienso en mí antes,
pienso en otro.

Me entretengo en tu cuerpo adormecido
y lo recorro como peregrino,
exploro cada parte, cada trozo,
por pequeña que sea, por minúsculo.

No puedo expresarte tanto horror,
tal sensación de pérdida, de quedar tullido,
y tanta necesidad de contestar preguntas
que nadie ha formulado.

Tu cuerpo se despierta soñoliento
y es el mío el que recibe ahora
el agua de mayo de tus caricias,
mientras empiezan a sonar palabras.

¿Soy yo aquel que añoro?
¿Mi vida fue otra vida?
¿Lo que no tengo, tuve?
¿O sólo es un sueño en una pesadilla?

Palabras dulces,
expresiones en clave de enamorados
coronando momentos de intimidad,
ofrendas para nuestros cuerpos.

Recorro mi ciudad
como un autómata,
cumplo mis deberes
como un robot.

No dos cuerpos, un cuerpo
con cuatro brazos,
cuatro piernas
y dos corazones.

Y busco entre miles de rostros,
uno solo
que tenga interés,
pero, ¡es todo tan anodino!

Tan juntos, que parece
que tu lengua es la mía
y mi oreja la tuya.
Y ese dedo que se mueve... ¿de quién es?

Más mayor,
más feo,
mas desconfiado
y más solo cada día.

Tan vibrantes
como una cuerda tensa,
hasta que explota el sol
entre los pinos.
Pedro Casas Serra

jueves, 25 de junio de 2015

Añoranza: Paloma que vas volando...

Paloma que vas volando,
dime tú:
¿De qué color son los campos
sobre los que vas cruzando?
¿Cómo son los campanarios
de tantos pueblos y villas?
¿Balan aún por los senderos
las cabras y los corderos?
¿Toman las nubes la forma
de niños y riachuelos?

Paloma que vas volando:
¿Vale la pena volar?
¿Aún es azul el mar?
¿Aún arrullan en primavera
los palomos a tu vera?
¿Aún suben risas del campo?
 ¿Aún cruzan el cielo estrellas
en esas noches tan bellas?

Paloma que vas volando:
¿Vale la pena volar?

Pedro Casas Serra

miércoles, 24 de junio de 2015

Añoranza: El velero

No te engañé. Te dije que lo nuestro
sería como embarcar en un velero,
que enfilando alta mar
deja la costa cada vez más lejos,
y que iniciado el viaje,
abandonarlo resulta muy difícil.

No sé si me creíste. Vivías un momento
de tantas ilusiones, de pasión tan grande,
que tal vez no me oíste,
no quisiste escucharme,
o bien pensaste
que era tan sólo imagen de poeta.

Levamos anclas. ¡Y fueron unos años
tan felices, sin que una nube
ensombreciera el plateado espejo!
¡Vivimos sensaciones!, ¡cruzamos horizontes!,
¡fondeamos en amores tan profundos
que el mar inmenso no pudo contenerlos!

Pero llegó la tempestad, silbaba el viento,
el velero crujía
zarandeado por los elementos,
y cuando todo parecía perdido
y el barco zozobrar,
presa del pánico saltaste por la borda.

La calma regresó, el maltrecho velero
siguió su rumbo,
pero ya no eran dos sus tripulantes,
y el que quedaba
sintió la soledad del holandés errante,
y que parte de él mismo
flotaba a la deriva entre las aguas.
Pedro Casas Serra

martes, 23 de junio de 2015

Añoranza: El circo

Esta noche he soñado con ella,
he soñado que abría la caravana
y me llamaba,
que su voz, inconfundible,
alegre me decía:
"Pedro, he venido
porque temía que te olvidaras
de las entradas
que compré para el circo."
He soñado que me despertaba
y que abría los ojos incrédulo,
que parpadeando la miraba
y que estaba allí,
con su expresión juguetona,
y que sus pezones oscuros me apuntaban.
Entonces, he soñado que soñaba...
y me he puesto a llorar.

Pedro Casas Serra

lunes, 22 de junio de 2015

Añoranza: La ola

Esa ola
..............esa sonrisa
.................................esa mirada
...................................................esa brisa
..................................................................por un instate mías
me dejan más vacío
..................................................................esperando
...................................................otra ola
.................................otra mirada
..............otra sonrisa
otra brisa.

Pedro Casas Serra

domingo, 21 de junio de 2015

Añoranza: El niño abandonado

El recuerdo más antiguo que tenía era encontrarse de pequeño llorando durante horas en el recibidor de casa de su madre. No sabía si había ocurrido o se lo había inventado, pero este recuerdo siempre le había inquietado y, como su madre, cuando el nació, ya era sorda, había llegado a la conclusión de que el motivo de que no acudiera a su llanto era porque no le oía. Esta explicación resultaba razonable y por ello hacía tiempo que pensaba que no debía sufrir más por este recuerdo.

Sin embargo, seguía siendo extremadamente susceptible a cualquier desatención que la persona que amaba le hiciera, y llegaba a tal extremo su sensación de abandono en tales ocasiones, que no podía evitar cortar la relación cuando se sentía así. Y en cada nuevo enamoramiento (porque por otra parte era enamoradizo y apasionado) era más exigente con la persona amada, siempre por ese miedo a ser abandonado.

Pensando en ésto y en su infancia, recordó que en una ocasión su madre le había explicado que siendo bebé y encontrándose en su cochecito, al sol, en un jardín, se habían olvidado de él y, al regresar, lo habían encontrado a punto de sufrir una insolación. Quizás fuera ésta la causa del miedo tan grande que tenía a ser abandonado, no siendo el recuerdo del recibidor sino una consecuencia de esta vivencia anterior.

Su madre le quería mucho y él quería mucho a su madre. ¿Por qué entonces esta sensación de haber sido abandonado por ella? ¿Respondía a una realidad o era consecuencia de poseer un carácter extremadamente sensible? ¿No podría librarse nunca de esta angustia? ¿Rompería siempre sus relaciones por miedo a que lo abandonaran? ¿Estaba condenado a vivir solo?
Pedro Casas Serra

sábado, 20 de junio de 2015

Añoranza: Al niño que huele embeleado una flor...

Al niño que huele embelesado una flor
le queda la luz entre las hojas de los árboles,
el eco de una voz llamándole papá,
el tacto de una mano que pierde fuerza,
el gusto por tocar pieles y oler perfumes,
el abrazo de la toalla de baño que lo seca,
unas palabras que le llegan inesperadamente,
el balanceo de las olas del mar,
el sabor de las cerezas frías en verano,
la entrega de unos ojos sobre sus rodillas,
la canción del agua contra las piedras del río,
la sonrisa que le ayuda a salvar obstáculos,
la conversación frente al paisaje que se desvanece,
el sol tras los párpados, fundiéndole con la arena,
unos caminos mojados por la lluvia,
el sudor que produce el orgullo de alcanzar la cima,
la noche de dolor que le apuñala el corazón,
la cabeza que golpea las paredes con desesperación,
la foto del niño que huele embelesado una flor.
Pedro Casas Serra

viernes, 19 de junio de 2015

Añoranza: El joven marinero

Conservo en mi memoria
al joven marinero,
que me cuidaba con esmero
cuando de niño me bañaba
en aguas de la Costa Brava.

No pudiendo ponerme
por profesor un pez,
mi madre eligió aquella vez,
para enseñarme a nadar como un mero,
de donde veraneábamos, un joven marinero.

Y aquel verano,
el joven marinero
me enseñó a saber flotar primero,
después a desplazarme y sumergirme,
lanzarme de las rocas y a nunca hundirme.

Quizás por eso,
me pongo tan contento
y me encuentro en el agua en mi elemento,
porque aprendí de un experto verdadero
al tener por maestro a un joven marinero.

Conservo en mi memoria
al joven marinero,
que me cuidaba con esmero
cuando de niño me bañaba
en aguas de la Costa Brava.
Pedro Casas Serra

jueves, 18 de junio de 2015

Añoranza: El niño viejo

A veces, me salen al encuentro
personas que hace tiempo que no veo,
y las reconozco,
pero luego pienso
que por lógica no son ellas,
sino que son como eran ellas
hace veinte años.
Ante ésto me rebelo
porque para mí no he cambiado,
y sigo siendo el mismo
que lloraba de niño
si me dejaban solo.
Y cuando llegue a viejo
-o mejor, me vean como un viejo-,
seguiré siendo ese niño
que no ha entendido nada
y que se sorprende
al no ver en el espejo reflejada
su cara rubicunda y mofletuda,
y que se siente triste
porque no encuentra
a su padre, a su madre, a sus hermanas,
a sus amigos, a sus amantes...
y si los ve,
sólo son otros que se les parecen,
como otros se parecerán a él
cuando él ya no se parezca a nadie.
Pedro Casas Serra

miércoles, 17 de junio de 2015

Añoranza: Instante

Ha llegado el tiempo
de tumbarse al sol,
de notar su calor
y de ver pasar las nubes.
Hay un fondo de trinos
que acompaña
y pasear es dulce en compañía.
Ayer llovió,
las calles están limpias
y la hierba es más verde.
Sentado en un banco,
veo pasar personas
y las hojas que arrastra el aire.
Las parejas se tumban en la hierba,
los niños juegan,
el tiempo pasa despacio,
y,
si fuera posible,
quisiera detenerlo para siempre.
Pedro Casas Serra

martes, 16 de junio de 2015

Añoranza: Tus besos fueron lanzas...

Tus besos fueron lanzas
que destellan cristales
y alcanzarán mi luna,
que hoy resplandece
clara como el sol
que iluminó mi infancia,
y que persigue
y alcanzará tu luna.

Pedro Casas Serra

sábado, 6 de junio de 2015

“La gesta dels estels”, DIVISA, de Joan Salvat-Papasseit

DIVISA

Fem l'escamot dels que mai no reculen
i sols un bes els pot fer presoners.

Fem l'escamot dels qui trenquen les reixes
i no els fa caure sinó un altre bes.

Fem l'escamot dels soldats d'avantguarda:
el primer bes que se'ns doni als primers.

JOAN SALVAT-PAPASSEIT

*

DIVISA

Formemos el pelotón de los que nunca retroceden
y sólo un beso puede hacerlos prisioneros.

Formemos el pelotón de los que rompen las rejas
y no los hace caer sino otro beso.

Formemos el pelotón de los soldados de vanguardia:
el primer beso que se nos dé a los primeros. 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT
(Versión de Pedro Casas Serra)

viernes, 5 de junio de 2015

“La gesta dels estels”, LA MORT DEL JUST, de Joan Salvat-Papasseit

LA MORT DEL JUST

A A. Schneeberger

Heus aquí l'home que visqué molts anys
i ara és al llit on fou nat i on traspassa,
deixa la vida i no n'oblida els guanys
i diu: «—Volteu-me, que us diré ma passa.

Cada matí per mi sortia el sol
i encara surt, que no pensa deixar-me;
de la finestra jo deia el meu dol:
—Senyor, vull viure, voldria quedar-me.

Tota la terra és comblada d'amor
i com l'ocella, fins els bous que llauren
són plens de goig, que no senten temor
ni han de sentir-lo, que llur petja dauren.

Tens els torrents, mai no paren llur cant,
càstig del cel si algun jorn s'aturava—
aixís i tot seguirien cantant,
que aprés les flors reviurien llur saba.

Veus el brotar i el granar de tot l'any
talment l'abraç de l'amada qui es torça.
Veus com la mar fins és bella en l'engany,
la mar immensa, manyaga en l'escorça.

Veus els vaixells i els homes ferms que hi van,
i t'hi acompanyes per ser-hi a la vora.
Si ve una guerra ets soldat al davant,
si la guanyaves beneïda l'hora:

si la perdies estimes la pau
i culls el vi i n'omplenes la copa:
—en temps de verema t'ubriagues i escau,
com quan plovia i ta roba era xopa.»

El rostre pàl·lid esdevé més blanc,
l'home qui es mor no vol perdre guspira,
sent que el batec del seu cor no duu sang
i encara parla: quan parla sospira.

Diu: «Jo tenia una amiga i un camp,
davant: la platja, i la lluna hi venia.
Matinejava i brillava el meu camp
com si la lluna s'hi ajacés de dia.

La meva amiga, quan jo la prenia,
tota es vinclava com dofí saltant:
si era de nit, com l'estrella glatia;
si era a la tarda, de pler tremolant.»

Diu: «Jo tenia un vell mas amb balcons
però ja el deixava per correr la terra,
sols quan tornava recordava els trons
i la falguera que em movia brega.

Havia vist les més amples ciutats
i ulls de mils ponts i de mils foradades
—homes d'un viure, com esperitats
prenen els cims, com tu les fondalades.

Inventen estres per a navegar
i per a batre's a sota les aigues,
i llur Babel ara es diu aeroplà,
màquines d'ulls mateix que les àligues.»

Ja són les mans, com el rostre, tot blanques,
i ara ja parla sense centener,
però diu encara: «No barreu les tanques,
vull dir la vida mentre em quedi alè.

Si no puc dir-la, demano tornar-hi
—que no puc creure en cap cel més serè.»

JOAN SALVAT-PAPASSEIT

*

LA MUERTE DEL JUSTO

A A. Schneeberger

He aquí al hombre que vivió muchos años
y ahora está en la cama donde nació y donde se muere,
deja la vida y no olvida lo ganado
y dice: «—Rodeadme, que os contaré mi pasado.

Cada mañana para mí salía el sol
y sale todavía, que no piensa dejarme;
desde la ventana yo expresaba mi pena:
—Señor, quiero vivir, quisiera quedarme.

Toda la tierra está colmada de amor
y como el ave, hasta los bueyes que labran
están llenos de gozo, que no sienten temor
ni han de sentirlo pues doran su pisada.

Ahí tienes los torrentes, nunca detienen su canto,
castigo sería del cielo si algún día se parara—
incluso así seguirían cantando,
que después renovarían las flores su sabia.

Ves el brotar y el granar todo el año
como el abrazo de la amada que se curva.
Ves como la mar hasta es bella en el engaño,
la mar inmensa, mansa en su superficie.

Ves los barcos y los recios hombres que en ellos van,
y les acompañas para estar a su lado.
Si llega una guerra eres soldado en el frente,
si la ganabas bendita la hora:

si la perdías amas la paz
y cosechas el vino y llenas la copa:
—en tiempo de vendimia te emborrachas y ocurre,
como cuando llovía y tu ropa se empapaba.»

El pálido rostro se vuelve más blanco,
el hombre que muere no quiere perder ni un chispazo
siente que el latido de su corazón no lleva sangre
y todavía habla: cuando habla suspira.

Dice: «Yo tenía una amiga y un campo,
delante: la playa, y la luna venía.
Madrugaba y brillaba mi campo
como si la luna se tumbara de día.

Mi amiga, cuando la tomaba,
se doblaba toda como un delfín saltando:
si era de noche, como estrellla latía;
si era por la tarde, de placer temblando.»

Dice: «Yo tenía una vieja masía con balcones
pero la dejaba para recorrer mundo,
sólo cuando volvía recordaba los truenos
y el helecho que me daba guerra.

Había visto las ciudades más extensas
y los ojos de mil puentes y de mil túneles
—hombres de un vivir, como posesos
alcanzan las cumbres, como tú las hondonadas.

Inventan útiles para navegar
y para batirse bajo las aguas,
y su Babel ahora se llama aeroplano,
máquinas con ojos como las águilas.»

Ya están las manos, como el rostro, blancas,
y ahora ya habla sin pies ni cabeza,
pero dice aún: «No echéis los cierres,
quiero nombrar la vida mientras me quede aliento.

Si no puedo nombrarla, pido volver,
—que no puedo creer en ningún cielo más sereno.» 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT
(Versión de Pedro Casas Serra)

jueves, 4 de junio de 2015

“La gesta dels estels”, LA CASA QUE VULL, de Joan Salvat-Papasseit

LA CASA QUE VULL

La casa que vull
que la mar la vegi
i uns arbres amb fruit
que me la festegin.

Que hi dugui un camí
lluent de rosada,
no molt lluny dels pins
que la pluja amainen.

Per si em cal repòs
que la lluna hi vingui;
i quan surti el sol
que el bon dia em digui.

Que el temps de l'istiu
niui l'orenella
al blanc de calç ric
del porxo amb abelles.

Oint la cançó
del pagès que cava;
amb la salabror
de la marinada.

Que es guaiti ciutat
des de la finestra,
i es sentin els clams
de guerra o de festa:

per ser-hi tot prest
si arriba una gesta.

JOAN SALVAT-PAPASSEIT

*

LA CASA QUE QUIERO

La casa que quiero
que la mar la vea
y árboles frutales
que me la cortejen.

Que lleve un camino
aúreo de rocío,
cerca de los pinos
que la lluvia amainan.

Por si quiero echarme
que la luna venga;
y cuando el sol salga
que buen día me dé.

Que siendo verano
golondrina anide
en la blanca cal
del porche de abejas.

La canción oyendo
del payés que cava;
con el gusto a sal
del aire del mar.

Que la ciudad vea
desde la ventana,
y se oigan los gritos
de guerra o de fiesta:

para estar a punto
si llega una gesta. 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT
(Versión de Pedro Casas Serra)

miércoles, 3 de junio de 2015

“La gesta dels estels”, DEU-ME UNA SANTA, de Joan Salvat-Papasseit

DEU-ME UNA SANTA

a Joaquim Horta

Deu-me una santa, enc que no sigui al dogma,
a qui pugui pregar, jo pecador d'amor;
deu-me una santa que hagi estimat força,
que per pregar-li calgui un bes i una cançó.

La santa aquella que, en donar almoina
si els seus ulls et ferien t'embraçava el coll,
i era el seu tast com la més fina noia
i al coixí del seu pit hom havia el son dolç.

Aquella santa sempre bella mossa;
no havia mendicant que no li fos devot:
era tan clara, blanca, fresca i jove
com nata de primala i com un veire nou.

Jo hi aniria de matí, en aquella hora
en què ac deixo l'amiga abans no surti el sol,
quan a l'església obririen la porta:

—duria l'estampeta arran, arran del cor. 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT

*

DADME UNA SANTA

a Joaquim Huerta

Dadme una santa, aunque que no esté en el dogma,
a quien rezar pueda yo, pecador de amor;
dadme una santa que haya amado bastante,
que para rezarle haga falta un beso y una canción.

La santa aquella que, al dar limosna
si sus ojos te herían te abrazaba el cuello,
y era su gusto como el de la más fina chica
y en la almohada de su pecho se dormía un dulce sueño.

Aquella santa siempre tan bella moza;
no había mendigo que no le fuera devoto:
era tan clara, blanca, fresca y joven
como la primera nata y como una nueva copa.

Yo iría por la mañana, en aquella hora
en que dejo a la amiga antes de que salga el sol,
cuando en la iglesia abriesen la puerta:

—llevaría su estampita al lado, al lado del corazón. 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT
(Versión de Pedro Casas Serra)

martes, 2 de junio de 2015

“La gesta dels estels”, SI JO FOS PSCADOR, de Joan Salvat-Papasseit

SI JO FOS PESCADOR

Si jo fos pescador pescaria l'aurora,
si jo fos caçador atraparia el sol;
si fos lladre d'amor m'obririen les portes,
si fos bandit millor
…...........................que vindria tot sol:

-els carcellers del món no em sabrien mai l'ombra,
si fos lladre i bandit no em sabrien el vol.

Si tingués un vaixell m'enduria les noies,
si volien tornar dexarien llurs cors:

i en faria fanals
….....................per a prendre'n de nous.

JOAN SALVAT-PAPASSEIT

*

SI FUERA PESCADOR

Si fuera pescador pescaría la aurora,
si fuera cazador atraparía el sol;
si ladrón de amor me abrirían las puertas,
si bandido mejor
…........................pues iría solo:

-los carceleros del mundo no conocerían mi sombra,
si ladrón y bandido no conocerían mi vuelo.

Si tuviera un barco me llevaría a las chicas,
si quisieran volver dejarían sus corazones:

y haría farolillos
…....................para coger otros nuevos. 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT
(Versión de Pedro Casas Serra)

lunes, 1 de junio de 2015

“La gesta dels estels”, LLEGENDA, de Joan Salvat-Papasseit

LLEGENDA

A Teresa Lostau de Nogués

Ran mateix del camí
hi ha una cripta tot d'heura,
i una Verge tan bella
…..............................tan bella
que no sembla del cel,
sinó de pagania
—però els pagesos li diuen Maria.

Els matins que fa sol
ran mateix del camí hi aparien la cleda,
el xaval s'hi ajaça i beu vi
i la Verge s'el mira i l'advera:
—mai s'ha dit que un moltó fos ferit.

A les tardes de pluja i de fred
és tan sola la cripta que la Verge s'hi glaça—
no se sap qui la llàntia li encén
però el cremell de tan viu l'amanyaga,
i no deixa d'anar-hi la garsa.

Mes si en feia aquest vespre de vent!
pel camí no s'hi veia ni una ànima
i la llàntia es moria rabent:

—dues cuques de llum s'enfilaven
i encenien la llàntia altre temps. 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT

*

LEYENDA

A Teresa Lostau de Nogués

Al lado mismo del camino
hay una cripta toda cubierta de yedra,
y una Virgen tan bella
…................................tan bella
que no parece del cielo,
sino de paganía
—pero los labradores la llaman Maria.

Las mañanas que hace sol
al lado mismo del camino arreglan la cerca,
el chaval se tumba y bebe vino
y la Virgen se lo mira y le asegura:
—nunca se ha oído que un carnero se hiriera.

Las tardes de lluvia y de frío
está tan sola la cripta que la Virgen se hiela—
no se sabe quien le enciende la lámpara
pero de tan vivo el pábilo la acaricia,
y no deja de ir la urraca.

¡Pero qué viento hacía esta noche!
por el camino no se veía un alma
y la lámpara se apagaba de golpe:

—dos luciérnagas trepaban
y encendían la lámpara otra vez. 

JOAN SALVAT-PAPASSEIT
(Versión de Pedro Casas Serra)