jueves, 31 de octubre de 2013

El amor

El amor va volando
despacito
como una semilla.

Si intentas atraparla,
cuidadito
que puedes destruirla.

El viento la traslada,
ligerito,
sin saber su destino.

Si te viene a la mano,
te felicito,
trátala con cariño.

¡Cómo el amor es dulce,
Dios bendito,
y qué bien sabe!

Cuando su leche mamas,
tu cuerpecito
desarrolla unas alas.

Y estando tan famélico
y pequeñito,
te conviertes en toro.

¡Toro negro y alado,
yo te invito
a levantar el vuelo!

Alas de mariposa,
¡es inaudito!,
te soportan entero.

Trasladas tu bravura
al infinito
corneando las nubes.

Pastando por el sol
coloradito
y bebiendo los vientos.

¡Qué formidable eres,
cariñito,
y qué fiero!

Que ninguno atraviese
el caminito
por el que vas trotando.

Que podrías las tripas
en un hito
dejárselas colgando.

Tanto poder reúnes,
enterito,
que nada te retiene.

Y ninguna barrera
ni corralito,
tus redaños contiene.

¡Y que este toro alado,
tan potentito,
venga de una semilla!

Se trata de un misterio,
amiguito,
que sabrás algún día.

Pedro Casas Serra (25-06-1992)

miércoles, 30 de octubre de 2013

Dios bondadoso

Dios bondadoso,
que conocemos por terceros
y eres asidero de desgracias,
hiciste a Eva compañera de Adán
-fuiste bueno en esa ocasión.

Porque Adán ya tenía
por casa el Paraíso,
sus necesidades cubiertas
y la compañía de todos los animales.

Pero estaba solo,
y, a lo mejor, para distraerse,
hablaría con su reflejo en el agua
o escucharía el eco de su voz en la montaña.

Lo tenía todo:
situación, vivienda, confort,
automóvil, velero, vacaciones en Hawai,
empleo fijo, pensión de jubilación...

Pero estaba solo,
y aburrido,
y había perdido el interés
por lo que tenía,
quizás porque necesitaba
que lo tuvieran a él.

Y tú, Dios,
-fuiste bueno en esa ocasión-
le diste a Eva,
formada de una de sus costillas.

La hiciste de él mismo,
de su propia materia,
para que la sintiese más suya
y necesitara más unirse a ella.

Ahora es diferente,
el mundo está repleto
de cuerpos sin costilla y de costillas sueltas
-es un verdadero maremagnum-
y cada cual, como puede,
busca el trozo que le falta de su puzle.

Por eso, yo te pido,
Dios -que a veces eres bueno-:
¿No habría manera de señalar las piezas,
numerarlas, marcarlas,
buscar algún sistema de identificación
que facilitara emparejarlas?

Pedro Casas Serra (25-06-1992)

martes, 29 de octubre de 2013

Atleta

Atleta, triunfador de los juegos olímpicos,
has sido coronado de olivo de victoria.
Te sientes muy cansado, pero a la vez contento,
porque ante multitud de propios y de extraños,
enfrentado con otros, has vencido en la lid;
porque tu gentilicio será gravado en piedra
y harán una escultura de tu arrogante cuerpo;
porque ante ti se abren muchos días de gloria,
fortuna y agasajos, en los que serás huésped
en la casa, en la mesa, y también en la cama,
de aquellos más ilustres de tu bella ciudad.
¡Gloria a ti, atleta!

Pedro Casas Serra (25-06-1992)

lunes, 28 de octubre de 2013

Civilización griega

Civilización griega: Surgiste de las olas
como los restos de un naufragio.
Tus ideas y conceptos son los nuestros.

En esas islas doradas, ocres manchas
sobre un azul intenso, formaste tu hormiguero
y desarrollaste las cadenas del conocimiento.

Pedro Casas Serra (25-06-1992)

viernes, 25 de octubre de 2013

Doncel enamorado

Doncel enamorado, que pasas
con toda tu apostura, y tienes
un caminar pausado, y luces
entera galanura.

Tu cuerpo indiferente, atrae,
tanta es su hermosura, al paso
los ojos de la gente, que fija
la vista en tu figura.

Eres alto de talla, posees
piernas descabalgadas, conjugas
espaldas de batalla, con brazos
hechos para la armada.

Estrecho de cintura, tu vientre
liso del galanteo, tus nalgas
por el caballo duras, te acreditan
capitán general del rejoneo.

Pedro Casas Serra (19-06-1992)

jueves, 24 de octubre de 2013

Efebo

Efebo, que corres presuroso
y una estela dejas a tu paso:

Tienes pisada larga
y elástica de atleta.

Tus caderas son finas
como anguilas de río.

Tu pelo serpentea
sedoso por tu espalda.

Tu piel, blanca de leche,
revienta por tus huesos.

Tu torso se engrandece,
tus miembros se distancian.

No tienes aun tomada
la medida a tu cuerpo.

Queda olor a tu paso
de almendras y de olivo.

Pedro Casas Serra (19-06-1992)

miércoles, 23 de octubre de 2013

El flamenco

Buscando estoy mi amado,
y como peregrino
penitente de un castigo divino,
desgrano mi rosario
contemplando los rostros de la gente,
en busca de una mirada transparente
que atrape mi mirada soñadora
en el transcurso de mi camino diario.

Gacela ruborosa
que se refugia en la espesura más frondosa,
huye mi amado de mi alcance,
temeroso no fuera depredadora fiera.

A veces veo a alguien que de espaldas,
me parece mi amado,
y corro presuroso y al verle de perfil,
decepcionado, veo
que no tiene de mi amado la figura.

Mi amado es un flamenco de plumaje rosado
posado en una pata, indiferente al mundo.

En sueños, veo a mi amado encadenado
en un rincón de la ciudad oscuro,
atado a un oficio sin futuro,
la cara sucia, el pelo despeinado,
pringado de sudor, desaseado.

Entonces, sueño que lo lavo
con jabón de romero,
que froto fuertemente con mis manos
su parte de delante, y su trasero
con esponja marina,
para secarlo luego con esmero
envolviéndolo en toalla grande, suave y fina;
que le perfumo con lavanda el pelo,
le afeito la barba de tres días
y con loción su cara masajeo.

Después, contemplo a mi amado
apuesto y bien plantado,
alzándose desnudo
de cuerpo entero,
y siento lo que Dios posiblemente
sentiría al contemplar a Adán el primer día.

Luego, visto a mi amado lentamente,
cubriendo su cintura con calzoncillos blancos,
con camiseta blanca sus tetillas,
con blanco pantalón sus pantorrillas,
con camisa blanca sus musculosos brazos
y sus ligeros pies... con blancas zapatillas.

Resultando mi amado
obra enteramente mía,
que lo he encontrado,
lavado, vestido y perfumado.

Y tal como lo he hecho lo deshago,
desvistiéndole y dejándole desnudo
en toda la belleza de su hombría,
gacela trashumante que pasó por delante
y atrapó mi mirada palpitante un día.

Pedro Casas Serra (17-06-1992)

martes, 22 de octubre de 2013

"Sostener las bóvedas. Poesia de Salvador Espriu"

He publicado un libro de traducciones de los libros de poemas "Cementiri de Sinera" y "Final del laberint" del poeta catalán Salvador Espriu;

"Sostener las bóvedas. Poesía de Salvador Espriu"

Podéis bajároslo gratuitamente en:


http://www.bubok.es/libros/227223/Sostener-las-bóvedas-Poesia-de-Salvador-Espriu

lunes, 21 de octubre de 2013

"Ternura" de Vinicius de Moraes

Eu te peço perdão por te amar de repente
Embora o meu amor
seja uma velha canção nos teus ouvidos
Das horas que passei à sombra dos teus gestos
Bebendo em tua boca o perfume dos sorrisos
Das noites que vivi acalentando
Pela graça indizível
dos teus passos eternamente fugindo
Trago a doçura
dos que aceitam melancolicamente.
E posso te dizer
que o grande afeto que te deixo
Não traz o exaspero das lágrimas
nem a fascinação das promessas
Nem as misteriosas palavras
dos véus da alma...
É um sossego, uma unção,
um transbordamento de carícias
E só te pede que te repouses quieta,
muito quieta
E deixes que as mãos cálidas da noite
encontrem sem fatalidade
o olhar estático da aurora.

Vinicius de Maraes




Ternura


Yo te pido perdón por amarte de repente
Aunque mi amor
sea una vieja canción en tus oídos
De las horas que pasé a la sombra de tus gestos
Bebiendo en tu boca el perfume de las sonrisas
De las noches que viví arrullando
Por la gracia indecible
de tus pasos eternamente huyendo
Traigo la dulzura
de los que aceptan melancólicamente.
Y puedo decirte
que el gran afecto que te dejo
No trae la exasperación de las lágrimas
ni la fascinación de las promesas
Ni las misteriosas palabras
de los velos del alma...
Es un sosiego, una unción,
un desbordamiento de caricias
Y sólo te pide que reposes quieta,
muy quieta
Y dejes que las manos cálidas de la noche
encuentren sin fatalidad
el mirar estático de la aurora.

Vinicius de Moraes
(Versión de Pedro Casas Serra)

domingo, 20 de octubre de 2013

"Pátria minha" de Vinicius de Moraes

A minha pátria é como se não fosse, é íntima
Doçura e vontade de chorar; uma criança dormindo
É minha pátria. Por isso, no exílio
Assistindo dormir meu filho
Choro de saudades de minha pátria.

Se me perguntarem o que é a minha pátria, direi:
Não sei. De fato, não sei
Como, por que e quando a minha pátria
Mas sei que a minha pátria é a luz, o sal e a água
Que elaboram e liquefazem a minha mágoa
Em longas lágrimas amargas.

Vontade de beijar os olhos de minha pátria
De niná-la, de passar-lhe a mão pelos cabelos...
Vontade de mudar as cores do vestido (auriverde!) tão feias
De minha pátria, de minha pátria sem sapatos
E sem meias, pátria minha
Tão pobrinha!

Porque te amo tanto, pátria minha, eu que não tenho
Pátria, eu semente que nasci do vento
Eu que não vou e não venho, eu que permaneço
Em contato com a dor do tempo, eu elemento
De ligação entre a ação e o pensamento
Eu fio invisível no espaço de todo adeus
Eu, o sem Deus!

Tenho-te no entanto em mim como um gemido
De flor; tenho-te como um amor morrido
A quem se jurou; tenho-te como uma fé
Sem dogma; tenho-te em tudo em que não me sinto a jeito
Nesta sala estrangeira com lareira
E sem pé-direito.

Ah, pátria minha, lembra-me uma noite no Maine, Nova Inglaterra
Quando tudo passou a ser infinito e nada terra
E eu vi alfa e beta de Centauro escalarem o monte até o céu
Muitos me surpreenderam parado no campo sem luz
À espera de ver surgir a Cruz do Sul
Que eu sabia, mas amanheceu...

Fonte de mel, bicho triste, pátria minha
Amada, idolatrada, salve, salve!
Que mais doce esperança acorrentada
O não poder dizer-te: aguarda...
Não tardo!

Quero rever-te, pátria minha, e para
Rever-te me esqueci de tudo
Fui cego, estropiado, surdo, mudo
Vi minha humilde morte cara a cara
Rasguei poemas, mulheres, horizontes
Fiquei simples, sem fontes.

Pátria minha... A minha pátria não é florão, nem ostenta
Lábaro não; a minha pátria é desolação
De caminhos, a minha pátria é terra sedenta
E praia branca; a minha pátria é o grande rio secular
Que bebe nuvem, come terra
E urina mar.

Mais do que a mais garrida a minha pátria tem
Uma quentura, um querer bem, um bem
Um libertas quae sera tamen
Que um dia traduzi num exame escrito:
"Liberta que serás também"
E repito!

Ponho no vento o ouvido e escuto a brisa
Que brinca em teus cabelos e te alisa
Pátria minha, e perfuma o teu chão...
Que vontade me vem de adormecer-me
Entre teus doces montes, pátria minha
Atento à fome em tuas entranhas
E ao batuque em teu coração.

Não te direi o nome, pátria minha
Teu nome é pátria amada, é patriazinha
Não rima com mãe gentil
Vives em mim como uma filha, que és
Uma ilha de ternura: a Ilha
Brasil, talvez.

Agora chamarei a amiga cotovia
E pedirei que peça ao rouxinol do dia
Que peça ao sabiá
Para levar-te presto este avigrama:
"Pátria minha, saudades de quem te ama…
Vinicius de Moraes."

Vinicius de Moraes



Patria mía


Mi patria es como si no fuera, es íntima
Dulzura y ganas de llorar; un niño durmiendo
es mi patria. Por eso, en el exilio
Viendo dormir a mi hijo
Lloro de nostalgia de mi patria.

Si me preguntaran lo que es mi patria, diría:
No sé. De hecho, no sé
Cómo, por qué y cuándo es mi patria
Pero sé que mi patria es la luz, la sal y el agua
Que elaboran y licúan mi tristeza
En largas lágrimas amargas.

Deseos de besar los ojos de mi patria
De acunarla, de pasarle la mano por los cabellos...
Deseos de cambiar los colores del vestido (¡auriverde!) tan feos
De mi patria, de mi patria sin zapatos
Y sin calcetines, patria mía
¡Tan paupérrima!

Porque te amo tanto, patria mía, yo que no tengo
Patria, yo semilla que nací del viento
Yo que no voy y no vengo, yo que permanezco
En contacto con el dolor del tiempo, yo elemento
De conexión entre la acción y el pensamiento
Yo hilo invisible en el espacio de todo adiós
¡Yo, el sin Dios!

Te tengo sin embargo en mí como un gemido
De flor; te tengo como un amor muerto
A quién se juró; te tengo como una fe
Sin dogma; te tengo en todo lo que no me siento a gusto
En esta sala extranjera con chimenea
Y sin columna.

¡Ah, patria mía!, recuerdo una noche en el Maine, Nueva Inglaterra
Cuando todo pasó a ser infinito y nada tierra
Y yo vi alfa y beta de Centauro escalar el monte hasta el cielo
Muchos me sorprendieron parado en el campo sin luz
A la espera de ver surgir la Cruz del Sur
Que yo conocía, pero amaneció...

Fuente de miel, bicho triste, patria mía
Amada, idolatrada, ¡salve, salve!
Que más dulce esperanza encadenada
El no poder decirte: aguarda...
¡No tardo!

Quiero volverte a ver, patria mía, y para
Volverte a ver me olvidé de todo
Fui ciego, mutilado, sordo, mudo
Vi mi humilde muerte cara a cara
Rasgué poemas, mujeres, horizontes
Quedé simple, sin fuentes.

Patria mía... Mi patria no es florón, ni ostenta
Lábaro no; mi patria es desolación
De caminos, mi patria es tierra sedienta
Y playa blanca; mi patria es el gran río secular
Que bebe nube, come tierra
Y orina mar.

Más que la más garrida mi patria tiene
Una calidez, un querer bien, un bien
Un libertas quae sera tamen
Que un día traduje en un examen escrito:
"Libre que serás también"
¡Y repito!

Pongo en el viento el oído y escucho la brisa
Que juguetea en tus cabellos y te los alisa
Patria mía, y perfuma tu suelo...
Que ganas me vienen de adormecerme
Entre tus dulces montes, patria mía
Atento al hambre en tus entrañas
Y al batuque en tu corazón.

No te nombraré, patria mía
Tu nombre es patria amada, es patriecita
No rima con madre gentil
Vives en mí como una hija, que eres
Una isla de ternura: la Isla
Brasil, tal vez.

Ahora llamaré a la amiga calandria
Y le pediré que pida al ruiseñor del día
Que pida al tordo
Para llevarte presto este avigrama:
"Patria mía, recuerdos de quien te ama…
Vinicius de Moraes."

Vinicius de Moraes
(versión de Pedro Casas Serra)

sábado, 19 de octubre de 2013

"Os acrobatas" de Vinicius de Moraes

Subamos!
Subamos acima
Subamos além, subamos
Acima do além, subamos!
Com a posse física dos braços
Inelutavelmente galgaremos
O grande mar de estrelas
Através de milênios de luz.

Subamos!
Como dois atletas
O rosto petrificado
No pálido sorriso do esforço
Subamos acima
Com a posse física dos braços
E os músculos desmesurados
Na calma convulsa da ascensão.

Oh, acima
Mais longe que tudo
Além, mais longe que acima do além!
Como dois acrobatas
Subamos, lentíssimos
Lá onde o infinito
De tão infinito
Nem mais nome tem
Subamos!

Tensos
Pela corda luminosa
Que pende invisível
E cujos nós são astros
Queimando nas mãos
Subamos à tona
Do grande mar de estrelas
Onde dorme a noite
Subamos!

Tu e eu, herméticos
As nádegas duras
A carótida nodosa
Na fibra do pescoço
Os pés agudos em ponta.

Como no espasmo.

E quando
Lá, acima
Além, mais longe que acima do além
Adiante do véu de Betelgeuse
Depois do país de Altair
Sobre o cérebro de Deus

Num último impulso
Libertados do espírito
Despojados da carne
Nós nos possuiremos.

E morreremos
Morreremos alto, imensamente
IMENSAMENTE ALTO.

Vinicius de Moraes





Los acróbatas


¡Subamos!
Subamos arriba
Subamos más arriba, subamos
Por encima de más arriba, !subamos!
Con la fuerza física de los brazos
Inevitablemente ascenderemos
El gran mar de estrellas
A través de milenios de luz.

¡Subamos!
Como dos atletas
El rostro petrificado
En la pálida sonrisa del esfuerzo
Subamos arriba
Con la fuerza física de los brazos
Y los músculos desmesurados
En la calma convulsa del ascenso.

¡Oh!, arriba
Más lejos que todo
Más lejos, ¡más lejos que por encima de lo más lejos!
Como dos acróbatas
Subamos, lentísimos
Allá donde el infinito
De tan infinito
Ni nombre tiene
¡Subamos!

Tensos
Por la cuerda luminosa
Que pende invisible
Y cuyos nudos son astros
Quemando en las manos
Subamos al aria
Del gran mar de estrellas
Donde duerme la noche
¡Subamos!

Tú y yo, herméticos
Las nalgas duras
La carótida nudosa
En la fibra del cuello
Los pies agudos en punta.

Como en el espasmo.

Y cuando
Allá, arriba
Más allá, más lejos que por encima del más allá
Delante del velo de Betelgeuse
Tras el país de Altair
Sobre el cerebro de Dios

En un último impulso
Liberados del espíritu
Despojados de la carne
Desnudos nos poseeremos.

Y moriremos
Moriremos alto, inmensamente
INMENSAMENTE ALTO.

Vinicius de Moraes
(versión de Pedro Casas Serra)

viernes, 18 de octubre de 2013

"Balada para Maria" de Vinicius de Moraes

Não sei o que me angustia
Tardiamente; em meu peito
Vive dormindo perfeito
O sono dessa agonia...
Saudades tuas, Maria?
Na volúpia de uma flora
Úmida, pecaminosa
Nasceu a primeira rosa
Fria...

Perdi o prazer da hora.

Mas se num momento cresce
O sangue, e me engrossa a veia
Maria, que coisa feia!
Todo o meu corpo estremece...
E dos colmos altos, ricos
Em resinas odorantes
Pressinto o coito dos micos
E o amor das cobras possantes.

No mundo há tantos amantes...

Maria...
Cantar-te-ei brasileiro:
Maria, sou teu escravo!
A rosa é a mulher do cravo...
Dá-me o beijo derradeiro?
- Cobrir-te-ei de pomada
Do pólen das flores puras
E te fecundarei deitada
Num chão de frutas maduras
Maria... e morangos, quantos!
E tu que adoras morango!
Dormirás sobre agapantos...
- Fingirei de orangotango!

Não queres mesmo, Maria?

No lombo morno dos gatos
Aprendi muita carícia...
Para fazer-te a delícia
Só terei gestos exatos.

E não bastasse, Maria...

E morro nessas montanhas
Entre as imagens castanhas
Da tua melancolia...

Vinicius de Moraes




Balada para María


No sé lo que me angustia
Tardíamente; en mi pecho
Vive durmiendo perfecto
El sueño de esa agonía...
¿Nostalgias tuyas, María?
En la voluptuosidad de una flora
Húmeda, pecaminosa
Nació la primera rosa
Fría...

Perdí el placer de la hora.

Pero si en un momento crece
La sangre, y me engrosa la vena
María, ¡que cosa más fea!
Todo mi cuerpo se estremece...
Y de los colmos altos, ricos
En resinas olorosas
Presiento el coito de los micos
Y el amor de las cobras potentes.

En el mundo hay tantos amantes...

María...
Te cantaré brasileño:
¡María, soy tu esclavo!
La rosa es la mujer del clavel...
¿Me das el beso postrero?
- Te cubriré de pomada
Del polen de las flores puras
Y te fecundaré acostada
En un suelo de frutas maduras
María... y fresas, ¡cuántas!
¡Y tú que adoras las fresas!
Dormirás sobre agapantos...
- ¡Fingiré ser orangután!

¿No quieres aún, María?

En el lomo tibio de los gatos
Aprendí muchas caricias...
Para hacerte las delicias
Sólo tendré gestos exactos.

Y si no bastara, María...

Y muero en esas montañas
Entre las imágenes castañas
De tu melancolía...

Vinicius de Moraes
(versión de Pedro Casas Serra)

jueves, 17 de octubre de 2013

"A brusca poesia da mulher amada" de Vinicius de Moraes

Longe dos pescadores os rios infindáveis vão morrendo de sede lentamente...
Eles foram vistos caminhando de noite para o amor - oh, a mulher amada é como a fonte!
A mulher amada é como o pensamento do filósofo sofrendo
A mulher amada é como o lago dormindo no cerro perdido
Mas quem é essa misteriosa que é como um círio crepitando no peito?
Essa que tem olhos, lábios e dedos dentro da forma inexistente?

Pelo trigo a nascer nas campinas de sol a terra amorosa elevou a face pálida dos lírios
E os lavradores foram se mudando em príncipes de mãos finas e rostos transfigurados...

Oh, a mulher amada é como a onda sozinha correndo distante das praias
Pousada no fundo estará a estrela, e mais além.

Vinicius de Moraes




La repentina poesía de la mujer amada


Lejos de los pescadores los ríos interminables van muriendo de sed lentamente...
Fueron vistos caminando de noche hacia el amor - ¡oh, la mujer amada es como la fuente!
La mujer amada es como el pensamiento del filósofo sufriendo
La mujer amada es como el lago durmiendo en el cerro perdido
Pero ¿quién es esa misteriosa que es como un cirio crepitando en el pecho?
¿Esa que tiene ojos, labios y dedos dentro de la forma inexistente?

Para el trigo a nacer en las campiñas de sol la tierra amorosa elevó la faz pálida de los lirios
Y los labradores fueron transformándose en príncipes de manos finas y rostros transfigurados...

Oh, la mujer amada es como la ola solitaria corriendo distante de las playas
Posada en el fondo estará la estrella, y más allá.

Vinicius de Moraes
(versión de Pedro Casas Serra)

miércoles, 16 de octubre de 2013

Una sonrisa escrita

El día que yo muera,
quiero dejar una sonrisa escrita:
Gracias por tantos gestos y miradas,
por los abrazos, los besos, la ternura.


Volaré, como lo hace el polluelo,
con la inseguridad del primer vuelo.
Pero... si flores hay en esta orilla,
¿por qué no habría de haberlas en la otra?

Pedro Casas Serra (15-06-1992)

martes, 15 de octubre de 2013

La conciencia de mi enfermedad

¿Cómo romper esta situación de bloqueo
a que me ha llevado la conciencia de mi enfermedad?
Estoy estabilizado en la tristeza.
Sé que en momentos de euforia
me he sentido autosuficiente y he prescindido de todos,
que he hablado por los codos, que he discutido
-me he puesto insoportable-,
y que luego he sentido vergüenza de lo que había hecho
-lo que me ha impedido reanudar las relaciones rotas
hundiéndome en la soledad-.
He observado también
que era zarandeado por estados de ánimo
sobre los que no tenía ningún control,
que estos cambios en el estado de ánimo
podían verse influidos por factores externos,
que las demostraciones de afecto o confianza
me ayudaban más que cualquier otro estímulo,
que la conversación, la compañía, el ejercicio físico,
me aliviaban.
Pero la conciencia de mi enfermedad
y las experiencias de sus fases depresivas
y sobre todo eufóricas, me han dejado bloqueado,
porque he llegado a dudar de quien soy,
si el de ayer o el de hoy, pesimista u optimista, apático o activo,
y ya no sé cuando estoy bien o mal,
ni si debo obrar o no, ni cómo.
He llegado a una forma de despersonalización
en que no me atrevo a hacer nada por no hacer algo mal,
por no hacerme daño a mí ni sobre todo a otros.
Y lo que más me hace sufrir es la conciencia
de estar enfermo de una enfermedad del ánimo,
porque siendo enormemente sentimental
soy consciente de que no controlo mis emociones,
cuando por otra parte soy la persona
menos capaz de vivir sola y más necesitada de compañía,
porque mis motivaciones son exclusivamente sentimentales,
y sin expresar esa emotividad, sin sentirme querido,
me siento vacío y carente de fuerza y de autoestima.

Pedro Casas Serra (12-06-1992)

lunes, 14 de octubre de 2013

La primera vez

Llegamos al albergue que ella ya conocía,
de Sant Privat d'en Bas, cerca de Olot.
Yo estaba excitadísimo, pero novato en sexo,
no sabía que hacer. Ella me fue guiando.
Así, con nuestros cuerpos, inventándonos juegos,
jugamos como niños que estrenan un juguete.
Hasta que, derrengados, nos quedamos dormidos.
Luego más tarde, creo, nos fuimos de paseo.
Pero no se que hicimos porque iba como ido
y sentía en mi oído como un campanilleo:
¡Lo hiciste!, ¡lo hiciste!... repetía.

Pedro Casas Serra (10-06-1992)

domingo, 13 de octubre de 2013

La excursión

Salí del camping muy temprano,
mi perra por delante.
Tomé la carretera junto al río,
hacia su cabecera.
A un lado veía el río
al fondo de un barranco,
al otro
trigales salpicados de amapolas,
y en los arcenes,
copudos árboles
formaban casi un túnel.
Llegado al puente
donde la carretera cruza el río
y se aleja hacia el valle vecino,
donde la zona de acampada
entonces vacía,
tomé la pista,
que, por su margen derecho,
sigue el río.
Pasé el canal de la central eléctrica
con su gorgoteo de agua al deslizarse,
llegué a la presa rota,
la que forma un remanso de aguas frías
donde me he chapuzado algunas veces,
avisté la masía abandonada
y la pequeña ermita en la colina,
alcancé la casa de colonias
y en la fuente de enfrente,
bebí un trago.
Dejé la pista
y cogí un sendero
al lado de otro río,
si menos caudaloso más bravío,
y primero entre prados,
otrora cultivados
por los habitantes del molino en ruinas,
y después
entre matorrales y arbustos,
fui subiendo.
El tiempo iba pasando en el esfuerzo
y el sol, siempre más alto,
golpeaba mis espaldas
ahogándome en calor.
Sudaba.
Por eso,
me quité la camisa
y la metí en la bolsa que llevaba
con un libro, la crema y la toalla.
Pronto,
los pantalones y la camiseta
hicieron compañía a la camisa.
En slip y alpargatas
continué el camino.
Ahora, el sendero
se hundía entre los árboles
formándose un ambiente
umbrío y húmedo.
Era agradable.
Sólo se oía el agua
y el trino de algún pájaro,
y a veces,
entre los matorrales,
vislumbraba el torrente.
Estaba entre semana,
en un sendero ignoto,
inaccesible para los automóviles,
por eso,
me quité el bañador y las alpargatas
y me quedé desnudo.
Y seguí caminando
desnudo.
Mis pies
me transmitían el pulso de la tierra,
mis oídos estaban
listos al menor ruido
y mi vista escrutaba el territorio
para librarme de cualquier tropiezo,
en tanto mis pulmones
se llenaban de la humedad del bosque;
y estaba todo sensibilizado,
en tensión,
y andaba presuroso,
saltando y brincando,
casi corriendo,
sintiéndome radiante,
lleno de fuerza y vida, liberado
de ataduras y angustias,
como formando parte
de un espacio naciente
que hollara yo el primero
descendiendo
genéticamente
por el árbol de la especie...
Alcancé el viejo puente
y bajé hasta un recodo del torrente,
donde el margen de piedra
lavado por el agua
forma un solarium natural.
Allí pasé el día.
Retocé como un niño
deslizándome por las bruñidas losas,
sumergiéndome en hoyos
en que el frío
me cortaba el aliento,
para luego tenderme
a secar en la orilla,
los miembros extendidos como un cristo,
abrazando ora el sol,
ora la tierra;
y otra vez remojones
y otra vez secadas,
adormilándome y desperezándome,
hasta que el sol se subió a la montaña
dejando el río en sombras.
Entonces, de regreso,
bajé por el torrente
dejándome llevar
hasta la casa de colonias.
Puse allí pie en la orilla,
extraje de mi bolsa
toda mi indumentaria,
me vestí,
bebí un trago en la fuente...
y regresé hacia el camping,
mi perra por delante.

Pedro Casas Serra (05-06-1992)

sábado, 12 de octubre de 2013

Primera visita a la sauna

A la entrada -discretamente
privada por las plantas-
un conserje -desagradablemente
amanerado- te cobra el ticket
y te da la llave, un paño, una toalla
y unas zapatillas. Siguiendo un pasillo,
llegas al vestuario repleto de espejos
en los que mirar, mirarle, mirarte,
mirarse, miraros. Has llegado al reino
de la mirada: esquiva, angulada,
rápida, oculta, inapreciable.
Te quitas la ropa, enrollas el paño,
echas la toalla, calzas zapatillas
y de la muñeca, te cuelgas la llave.
Ya dispuesto, bajas por una escalera
y lo que primero vés, es la piscina
de agua burbujeante, de la que, desnuda,
la gente entra y sale cual de una pecera.
Gente que al cruzarse apenas se mira,
que no se saluda, pero que se sigue
al reino del tacto. Éste da comienzo
en el laberinto: totalmente oscuro,
música suave, camastros con cuerpos
que aguardan pacientes en total reposo.
Junto a él la sauna -de breve visita
dado su calor- y luego el vapor
-donde es como adentrarse en una nube-
y tanteando encuentras otro cuerpo
que también te tantea en mutuo reconocimiento.
Luego vais a la sala común de duchas
-paraíso de mirones- y pasado
el cuartito de la televisión
-todo un toque hogareño- y el bar,
llegáis a las cabinas de masaje...

Pedro Casas Serra (01-06-1992)

sábado, 5 de octubre de 2013

El chico de la playa

Te recuerdo desnudo, tendiéndome la mano
en el dificil paso del sendero que a pico,
bajaba hasta la playa nudista del Algarbe.

Cuando me hallé en peligro, no hizo falta llamarte,
viniste al ver mi apuro, y salvado el obstáculo,
desaparecidte sin mediar palabra.

Y me ha quedado la imborrable imagen
de que eras como un héroe pagano
nacido de la tierra, el sol y el aire:

Que encarnabas la vida
surgiendo del paisaje entre las peñas.

Pedro Casas Serra (28-05-1992)